El destino de la organización British Cycling (Ciclismo Británico) cambió un día del año 2003. Los ciclistas ingleses nunca habían sido buenos. No ganaban campeonatos, no obtenían medallas, no daban resultados. Así había sido su historia de manera general durante todo el siglo XX. Incluso una marca de bicicletas se negó alguna vez a patrocinarlos.
Hasta que llegó un nuevo entrenador: Dave Brailsford. Tenía una estrategia a la que él llamaba “The aggregation of marginal gains”, la cual consistía en buscar un pequeño margen de mejora en todo lo que hacía.
Este técnico decía algo: si separas cada elemento o factor involucrado en lo que representa montar en bicicleta, y luego lo mejoras, cada cosa, tan sólo en un 1%, vas a obtener una mejora significativa cuando vuelvas a poner todo junto.
¿Y qué empezó a hacer con su equipo de trabajo? Empezaron a hacer ajustes aparentemente pequeños, al menos para lo que uno podría esperar de un equipo profesional. Hicieron cosas como rediseñar la silla de la bicicleta para hacerla más cómoda, aplicaron alcohol a las llantas para conseguir un mejor agarre, probaron nuevos trajes para controlar la temperatura de los atletas, les pusieron sensores en el cuerpo para monitorear sus signos, probaron geles de recuperación, les enseñaron a lavarse las manos para evitar que agarraran una gripa (para lo cual dicen que contrataron un cirujano), determinaron la mejor almohada y colchón para cada ciclista, y muchas, muchas cosas más.
Todas ellas acciones “insignificantes”, “pequeñas”, en curiosas o sorprendentes áreas de la práctica del ciclismo. Pero fueron acciones que se acumularon y los resultados llegaron.
En 2008, el equipo británico de ciclismo dominó en los Olímpicos de Beijing, y luego en Londres en 2012. Después, un británico ganó por primera vez un Tour de Francia, Bradley Wigging (en 2012), y luego Chris Froome lo ganó en 2013, 2015, 2016 y 2017.
Aplicar a la vida
¿Cómo pasó esto? ¿Cómo los ingleses ganaron decenas de medallas en 10 años (2007 a 2017) luego de décadas de no ganar nada? ¿Por qué las pequeñas mejoras se acumulan en resultados tan notables? ¿Cómo podemos replicar esto en nuestras vidas?
Las pequeñas mejoras del 1% son hechos apenas perceptibles. Pero a la larga pueden ser mucho más significativas. La diferencia que las pequeñas mejoras pueden provocar es realmente sorprendente.
La matemática de las pequeñas mejoras funciona de la siguiente manera: si logras ser 1% mejor cada día durante un año, terminarás siendo 37 veces mejor al final del período.
Por el contrario, si deterioras tu conducta 1% cada día, al final de un año habrás llegado casi a cero. Lo que empieza como una pequeña ganancia o una pérdida insignificante, se acumula con el tiempo y se convierte en algo grande.
Los hábitos son el interés compuesto de la superación personal. De la misma manera en que el dinero se multiplica mediante el interés compuesto, los efectos de tus hábitos se multiplican en la medida en que los repites cada día.
No parecen hacer mucha diferencia en un día determinado y, sin embargo, el impacto que producen conforme pasan los meses y los años puede resultar enorme. Solamente cuando nos damos vuelta y contemplamos los últimos dos, o cinco o quizá diez años, nos damos cuenta y quedamos sorprendidos del valor de los buenos hábitos y del costo negativo de los malos hábitos.
Esto puede ser un concepto difícil de apreciar en la vida cotidiana. Frecuentemente descartamos los pequeños cambios porque no parecen importar mucho en un momento dado. Si ahorras un poco de dinero ahora, no te conviertes en millonario. Si vas al gimnasio tres días consecutivos, no te vas a poner en forma. Si estudias chino mandarín una hora por la noche, no habrás aprendido un nuevo idioma. Hacemos pequeños cambios, pero los resultados nunca se dan de manera inmediata; eso nos descorazona y nos lleva de vuelta a nuestras viejas rutinas.
Desafortunadamente, el lento ritmo de la transformación también hace que sea muy fácil permitir el retorno de los malos hábitos. Si comes un alimento poco saludable hoy, la báscula no va a registrar un cambio muy drástico. Si el día de hoy trabajas hasta tarde e ignoras a tu familia, te va a perdonar. Si aplazas el trabajo de un proyecto para el día siguiente, seguramente encontrarás el tiempo para terminarlo más adelante. Es fácil pasar por alto una pequeña mala decisión.
Libro Hábitos atómicos, de James Clear. Blogs: camihurs.medioum, orlandosorio.com