Las relaciones sexuales deben ser placenteras, no se trata de sentir dolor porque hay que evitar herir al otro para esconder el sentimiento displacentero, porque se niega el problema o cualquier otra causa que esté sosteniendo esta patología que es silenciada por muchas mujeres.
¿Qué ocurre realmente cuando una mujer sufre de dispareunia?
El sexo es la peor elección, el intento de evitar a toda costa el encuentro sexual es tan burdo que ocultar la verdadera razón es un propósito que se deja de lado cuando hay que ponerle nombre a lo que está aquejando a mujeres que no encuentran la forma de remediarlo. Es verdad que muchas mujeres creen que solo tiene que ver con la pareja del momento, que les ocurre con ciertas compañías y no con otras, entonces van aplazando la atención médica y prefieren experimentar en cada ocasión y resolver en el día a día. Sin embargo, otras, y en gran porcentaje, sienten que cada relación es más dolorosa, que han probado con diferentes recomendaciones, ya sea lubricantes, cambio de posiciones sexuales, momentos del día, en la ducha, en momentos de relax y un largo etcétera y, sin embargo, la situación no mejora.
¿El tamaño importa?
El tamaño importa cuando la mujer desconoce la forma de dejarse penetrar. Antes de llegar a la etapa correspondiente en la respuesta sexual, la mujer, sin realizar con su pareja la previa, con estimulación, de acuerdo a un tiempo prolongado, se deja penetrar y no se percata de utilizar lubricante al menos. Ocurre que el calentamiento que precisa una mujer claramente no es el mismo que requiere el varón y la diferencia se traza justamente porque la respuesta sexual en ambos es muy distinta.
¿Cambiar de posiciones sexuales ayuda?
Hay casos en que algunas mujeres logran suavizar el dolor cambiando la postura, casualmente porque buscan la forma en que la penetración sea más suave y esté facilitada y cause también mayor excitación, ya que al estimular distintas zonas erógenas las sensaciones cambian, por ejemplo: algunas posiciones sexuales, conjuntamente con la penetración, logran estimular el clítoris y pueden colaborar en que la mujer logre lubricarse y esto es un gran condicionante para evitar la irritación y dolor que provoca la dispareunia.
Algunas mujeres sienten que están enfermas y que algo les ocurre que no pueden disfrutar del sexo como lo hacen amigas o quienes les cuentan que el sexo es sumamente excitante, ya que lo que menos siente una persona que sufre al tener sexo es excitación.
Mujeres que sufrieron un abuso o violación
En el consultorio he descubierto en muchos relatos atendiendo mujeres que sufren con las relaciones sexuales, que habían experimentado una situación traumática en algún momento de sus vidas y sin duda también que algunas habían vivido una violación o abuso. La respuesta del organismo frente a esta situación es defensiva y, sin duda, la mujer se defiende reprimiéndose y rigidizándose para cualquier posible intención de ser penetrada. Esto da lugar a pensar que siempre este tipo de patología debe ser tratado en forma interdisciplinaria, el ginecólogo junto con el psicólogo o sexólogo harán en conjunto una tarea muy beneficiosa para esta problemática tan actual.
Si a mí el sexo me encanta, ¿por qué me pongo así?
Lo que muchas mujeres deben comprender, e informarse sobre ello, es cuál es el factor principal que provoca esta reacción en el cuerpo, no se trata de que no le guste el sexo, otros miles de factores encubren esta respuesta del organismo y es esencial encontrar el origen para poder vivir una sexualidad más placentera y menos traumática.
“No quiero que mi pareja se dé cuenta, por eso finjo que me encanta, sin embargo, evito el contacto siempre que puedo”. “Pasarla mal es en rigor como entiendo la vida sexual, en años nada ha cambiado esa situación”. “Él cree que no lo amo o que yo pienso que no sabe hacer el amor, sin embargo, le digo que no es así, que disfruto mucho, y lo hago por obligación”. Declaraciones como estas dan cuenta de cómo se disfraza el problema para no llegar a la cuestión que favorece este tipo de diagnóstico.
Algunas mujeres además lo viven de forma más traumática cuando esta vivencia se completa con el miedo a perder a la persona amada. “Si le digo lo que me pasa o si me niego a tener frecuencia sexual se irá con otra”. Ser condescendiente con el otro por no perderlo no es solucionar el problema que ataca a la pareja de forma crítica, poder comunicarse y manifestar qué está sucediendo en este ámbito de la pareja es empezar a poner atención en la solución del problema y evitar que este tipo de relación termine fisurando la confianza, colapsando a la pareja o circunscribiéndola en un fracaso sin retorno.
Es importante saber que algunos medicamentos como estrógenos de tipo tópico pueden mejorar la condición, por sobre todo en mujeres que están pasando por la pre menopausia, o se acercan a ella, incluso para mujeres menopaúsicas. Claro que el médico de cabecera debe hacer la indicación.
Si la mujer siente dolor ocasionalmente y tiene dudas al respecto es bueno consultar al ginecólogo para descartar algo infeccioso, no siempre el diagnóstico es dispareunia. Siempre es recomendable tener un lubricante para tener sexo, aplica ya que esta es una forma de prevenir cualquier molestia que con el tiempo se vaya exacerbando. Algunas mujeres notan un endurecimiento de la abertura vaginal, ardor o picazón y sequedad asociada con atrofia vaginal.
Cuidar a la pareja es hacer cosas para que la vida íntima se mantenga viva, el deseo es el pilar de una relación amorosa, mantener la chispa del mismo es una manera de tratar la problemática. Los problemas sexuales son de a dos, poder poner en palabras lo que no nos gusta es una forma madura de tratar cualquier causa que ponga en peligro la vida sexual de una pareja.
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