Nuevos desafíos en la relación

Crisis de pareja para padres primerizos y cómo resolverlas

La llegada de un hijo puede generar crisis y cambios en la relación. La comunicación y los acuerdos son clave para superarlos y fortalecer el vínculo.
Imagen referencial. Foto: psicologia-online.com

La posmodernidad trajo aparejadas una serie de consecuencias: parejas que entran en crisis pasionales por excederse en responsabilidades de maternidad. Sin embargo, con la revolución laboral de la mujer, es fundamental reacomodar ciertos pactos en las parejas para poder ordenar las tareas. 

La comunicación es el camino ideal para poder negociar sobre estos puntos. Los acuerdos ordenan, y lejos está de que los roles asignen debilidad a algunos géneros. El primer hijo puede generar, sin duda, una crisis: hay un conflicto con la competencia paterna, que deja de ocupar su rol central; la rutina cambia y la manera en que deben ir acomodándose a una nueva situación. Algunos puntos álgidos son el encuentro íntimo y la falta de ganas de la mujer, que está enfocada en su bebé.

La dinámica del grupo familiar se modifica, se altera la rutina y la distribución de responsabilidades, todo lo cual genera muchos desacuerdos. Una queja constante son los horarios extensos de llanto durante las noches y quién se hace responsable de estar en vigilia.

Muchas veces esto crea resentimiento en quien debe abocarse al cuidado del bebé, el pase de factura y la visión de sentirse sola en un contexto desconocido hasta el momento.

Es muy común que los padres compitan en este juego de roles en que se desenvuelven, intentando un aprendizaje y reorganización con las tareas del pasado. Buscar la forma de no perder el espacio propio es una tarea principal: seguir haciendo cosas por la imagen propia y no sentir que se abandona, tampoco dejar el gusto por las cosas que aman hacer.

La vida, a partir de ser primerizos, enfrenta a jóvenes padres a nuevos desafíos. Nadie les enseñó sobre organizar algunos aspectos que chocan con la realidad presente. Pero siempre estas cuestiones son superables: hablar sobre estas sensaciones de abandono, celos o de falta de atención ayuda a darle perspectiva al otro. 

Lo importante es que la vida de ambos cambia y eso debe vivirse con alegría, no como algo malo o inesperado o una situación que repercutió en un estilo de vida no elegido. La pareja, en conjunto, juega un papel preponderante, y muchas veces, sin querer, se insertan en una serie de problemas que afectan la relación. Es importante encontrar el origen y descubrir algunos caminos que los lleven a percibir cuándo se avecina la dificultad. Una forma es cambiar esa dinámica que se establece, resultando una discusión.

¿Qué pasó con las expectativas que teníamos?

Los sueños van cambiando en torno a las posibilidades reales. A medida que se van comunicando, asumirán las responsabilidades de cada uno en la situación que provocó el desenlace no deseado. Recuperar la confianza, aceptar los errores y pedir ayuda son pautas que acercan y provocan empatía con la otra persona. Ser padres es una labor no aprendida: es crear una nueva identidad individual, que además suma la transformación psicológica que debe asumir la pareja, el sentimiento de pertenencia del bebé y la responsabilidad materna, que hace que se deje, muchas veces, de lado desde lo afectuoso al otro.

En un contexto donde se suma un integrante que es pura exclusividad de sus padres y depende de otro, hay que reevaluar las prioridades y los valores. Ese camino de revalidar la identidad personal es emocionalmente intenso. En algunos casos, las parejas sienten tanta presión que deciden tomar distancia: el rol asignado les resulta intolerable.

Muchos estudios son significativos respecto al nivel de testosterona en el varón durante el embarazo, ya que disminuye notablemente y más aún después del parto. Esto afecta el deseo sexual en el varón y el interés íntimo.

Esta apatía sexual logra confundir más a la mujer, que además se siente vulnerable con el cambio de su imagen y un cuerpo irreconocible, si además se suman algunos cambios en sus tareas de los últimos meses del embarazo y el nacimiento.

Tras el agotamiento que representa la atención constante y los cambios en la vida cotidiana, la apatía sexual condiciona un desgano poco reconocido, carga presión al vínculo, sometiendo a la pareja a una ausencia de atracción y de deseo, eludiendo la vida íntima.

La vida de pareja se ha convertido en un asidero de reproches que delatan la falta de práctica sobre la tarea y la permanente sobrecarga en uno de los cónyuges. La falta de comprensión y el sentimiento abrumador que se experimenta es muy común desde la psicología. Hay una ecuación que se modifica y, la mayoría de las veces, la energía y atención desbordan y provocan frustraciones intensas en todos. La mujer debe también dar lugar a que se fortalezca el vínculo entre padre e hijo, ya que ella lleva una ventaja de nueve meses de gestión.

Pienso que es fundamental no abundar en exigencias que cambian la dirección. Aceptar que a veces fracasan las expectativas es una manera madura de modificar la versión de conflicto. Tampoco es bueno sobreidealizar: todos los roles se aprenden con paciencia y sin exigencia. Fallar en la forma de jugar un rol es parte de la experiencia.

Ser padres es una experiencia natural, es algo que está en la naturaleza humana. No siempre se implementa el rol como se espera. Lo cierto es que una pareja que tiene confianza en sí misma y juega con complicidad puede desafiar el destino, armar personajes que se complementen y atreverse a transitar esos desafíos sin miedo, con la necesidad de conocer y alimentarse de nuevas experiencias.

*Psicóloga y sexóloga

Instagram: @sandralustgarten