Sexo

¿Cómo recuperar la pasión por mi pareja?

Falta de interés en el sexo en la población general adulta: en mujeres se arrima al 34,2 % y en hombres al 15 %. En cuanto al trastorno o problema del deseo sexual hipoactivo, el 30 % se verifica en hombres y el 15,5 % en mujeres, y en la etapa de la menopausia las mujeres notan una pérdida del deseo entre el 26,7 % y el 52,4 %.
Foto: Gentileza.

La pasión es una energía intensa que mezcla deseo, atracción, emoción, impulso y necesidad de acercamiento, es una combinación de cuerpo, fantasía y emoción. No se pierde de un día para el otro, siempre depende de la ansiedad. El complejo arte del amor se vuelve una escalera en descenso donde se manifiestan síntomas de agonía en muchas parejas después de los 10 años de casados. Se puede estimar usando datos sobre bajo deseo sexual, pérdida de interés sexual y discrepancia de deseo en la pareja.

Falta de interés en el sexo en la población general adulta: en mujeres se arrima al 34,2 % y en hombres al 15 %. En cuanto al trastorno o problema del deseo sexual hipoactivo, el 30 % se verifica en hombres y el 15,5 % en mujeres, y en la etapa de la menopausia las mujeres notan una pérdida del deseo entre el 26,7 % y el 52,4 %.

¿Cómo se vuelve a desear a alguien?

La respuesta no está en repetir fórmulas románticas, ni en organizar una cena con velas como si el erotismo obedeciera a una escenografía. La pasión no vuelve porque cambiamos las sábanas. Vuelve cuando cambia la energía entre dos cuerpos, la idealización se apaga, el magnetismo desaparece. La pareja necesita recuperar algo que muchas veces la convivencia mata: "la tensión sexual", que no es solo tener relaciones, es lo que ocurre antes sobre la atracción que se siente.

En muchas parejas, el problema no es que no haya amor. Lo que falta es peligro erótico. Falta juego.

Desequilibrio, riesgo, curiosidad y que la conexión se vuelva casi hasta irreal, ese pequeño desorden que el cuerpo se alimente de excitación y necesite más. Esos momentos mágicos en la etapa de la adolescencia, con un cuerpo caliente por aumento de hormonas, impactando en elevadas sensaciones eróticas, a diferencia de otras etapas evolutivas en que el placer queda dormido entre las sábanas. Esa época queda en la historia, ya que en la menopausia, se manifiesta esa sensación de haber perdido el encanto, la magia de una mirada, una caricia, o un beso.

La pasión se alimenta cuando el deseo toma distancia erótica, volver a producir misterio y sensación de curiosidad. Una relación sexual empieza muchas horas antes, con una frase a la mañana, una mirada mientras el otro se cambia, una cercanía en la cocina, una tensión que se va acumulando sin resolverla enseguida. El deseo crece si no se descarga de manera automática, con la imaginación, hablando de fantasías para abrir una puerta. Muchas parejas no hablan de sexo; apenas lo practican o lo evitan. Y cuando hablan, lo hacen desde la queja: "Nunca tenés ganas", "Siempre es igual", "Ya no me buscas". Esa forma de hablar mata el deseo porque convierte el erotismo en examen o presión. La palabra puede ser una caricia, una insinuación o una escena. Pero para eso hay que perderle el miedo a nombrar el deseo.

Después de los años, algunos se inhiben: por el cuerpo, por la edad, por la rutina, por el miedo al rechazo, por la comparación con etapas anteriores. Pero el erotismo adulto no necesita perfección. Un cuerpo que se ofrece con deseo suele ser más excitante que un cuerpo perfecto, es necesario revisar el resentimiento. Si hubo humillaciones, indiferencia, traiciones, desprecio o abandono, A veces no falta libido: sobra enojo que se acuesta en el medio de la cama. Por eso recuperar la pasión no es solamente agregar erotismo; es quitar defensas, la distancia silenciosa que hace que dos personas duerman juntas pero ya no se encuentren.

Provocar la pasión no significa presionar. Significa crear condiciones para que vuelva a circular una energía distinta, recuperar la escena: el clima. La forma de acercarse.

¿Por qué algunas parejas necesitan encender el deseo siendo infieles?

Algunas parejas que entran en la rutina sexual manifiestan que no hay pasión; buscan afuera intensidad, novedad o erotismo. Existe una imperiosa necesidad de validación porque necesitan comprobar que todavía seducen, que gustan, que tienen poder de conquista. El tercero funciona como espejo del ego. Ya no hay admiración, ternura o misterio. El resentimiento como forma inconsciente de castigo: "Me descuidaste, entonces busco afuera lo que no me das". Hay personas que no se animan a decir "ya no deseo igual", "me siento solo", "algo cambió". Entonces evitan la conversación y eligen el ocultamiento. La inmadurez emocional, cuando no toleran la frustración, la rutina o el conflicto. En lugar de revisar la relación, buscan una salida inmediata. La búsqueda de novedad, donde lo prohibido se vuelve excitante y un desafío y produce adrenalina. El vacío personal que a veces surge por una crisis interna, edad, autoestima, miedo a envejecer, necesidad de sentirse deseable o importante. La infidelidad empieza cuando se cruza un límite y se elige esconder, mentir o sostener una doble escena.

Después de una infidelidad no se repara solamente el acto sexual o emocional con otra persona. Se repara algo más profundo: la confianza rota, la sensación de haber sido excluido de la verdad, la seguridad emocional y la imagen que uno tenía del vínculo.

Una pareja puede seguir después de un engaño cuando hay posibilidad de terminar con la mentira. Si siguen apareciendo datos ocultos, la herida se reabre. El que fue infiel no puede refugiarse en frases como "vos me descuidaste", "no fue para tanto" o "ya pasó". Puede haber problemas previos en la pareja, pero la decisión de engañar debe ser asumida. La persona engañada necesita poder preguntar, enojarse, llorar, desconfiar, sentirse confundida. No se puede exigir que "supere rápido" algo que alteró su seguridad interna. Si se quiere reparar, no puede quedar una puerta entreabierta. La ambigüedad destruye cualquier intento de reconstrucción. Después de reparar la mentira, hay que mirar qué estaba pasando antes: falta de pasión, resentimiento, distancia, soledad, maltrato, rutina, ausencia de deseo, necesidad de reconocimiento. Pero esa revisión no debe usarse para justificar la infidelidad" Revisión del vínculo" y enfrentar la verdad.

El punto es decidir si todavía existe algo valioso para construir después de la caída. Porque la pareja que sobrevive a una infidelidad no vuelve a ser la misma: o se vuelve más verdadera, o queda más rota. Reparar un engaño no significa justificarlo. Significa preguntarse si, después de la traición, todavía hay amor suficiente, deseo posible y responsabilidad emocional para construir una segunda verdad. La primera pareja se rompió. La pregunta es si ambos pueden crear otra, más honesta, más consciente y menos ingenua.