¿Cómo prevenir la violencia sexual?
La educación y la comunicación son las bases de una sexualidad natural, poder transmitir a los hijos sobre cuáles son los entornos más seguros y como defenderse de propuestas indecentes, de qué forma reconocer al abusador, explicar sobre la importancia del consentimiento y de qué manera establecen límites, sobre lo importante que es respetar el cuerpo de los otros, que las relaciones deben ser saludables, que es fundamental y prioritario establecer modelos de vínculos a imitar y cuáles son las condiciones para una vida sexual sana.
Hay que educar a los hijos sobre la importancia de hablar de las cosas que les pasan en la intimidad, denunciar una situación agresiva o abusiva sin tener miedo, transmitir todas estas cuestiones básicas con el objeto de preparar a las adolescentes como mujeres en un futuro próximo, ayudar a las jóvenes a valorarse alimentando la autoestima, explicar sobre la importancia del respeto y el cuidado de la intimidad, que "el cuerpo es privado y propio" y con base en eso nadie puede aprovecharse con intentos de toqueteo sin ser autorizado, "el consentimiento" es aprobar un acto, para ello la persona que decide, debe tener en claro que nadie puede obligar a otro a hacer lo que no quiere ni desea. Los padres no son ajenos de esta responsabilidad de instruir a los hijos y para eso la función que deben cumplir es darles confianza, enseñarles que existe un clima que es facilitador para volcar las preocupaciones o situaciones amenazantes.
¿Cómo reconocemos una situación riesgosa?
Existen signos importantes que nos indican hechos amenazantes o delatan ciertos comportamientos que han cambiado, cualquier signo en nuestros hijos pudiera estar advirtiendo una situación de riesgo, un abuso o un posible acto de agresión, ante cualquier sospecha es importante que el adolescente sepa que puede confiar en los adultos y relatar sin miedo lo que le pasa, que cuenta con recursos para superar la situación, que está acompañado y que no será responsabilizado por esa situación. Saber que no están solos es un buen paso, por eso es fundamental que existan grupos de contención que puede ser personas que han pasado por abuso sexual o violencia de género y que esas personas puedan ayudar a encontrar en este espacio los recursos para defenderse.
Los hijos no son hijos de la vida
El vínculo con los hijos es uno de los tesoros más importantes, establecer un ámbito confiable para el diálogo es una manera de acercarlos con un espíritu colaborador, creando un clima beneficioso para explorar sobre los temas íntimos o privados. En este contexto no debemos mostrarnos vulnerables, sino sólidos y dispuestos a escuchar, soltar represiones, por más vergonzoso que sea, poder estimularlos, preparar a otros en la tarea de evaluar sobre los posibles cambios en la conducta de los hijos, saber elegir a las personas que compartirán espacios con ellos, poder tener una visión amplia sobre el ámbito escolar del niño y actuar ante cualquier duda o señal de alarma, aunque solo sea un presentimiento o una vaga impresión, conectarse con los temas sexuales, pero fundamentalmente para informar hay que educarse.
Agresión sexual y los efectos traumáticos
La agresión sexual tiene responsable, siempre el perpetrador de la agresión es quien tiene la responsabilidad del hecho, por eso estos actos deben ser denunciados. Cualquier contacto sexual exige de la conformidad de la víctima, las personas no gozan de derechos hacia nuestro cuerpo que no hemos aceptado, ni sobre nuestra intimidad, no debemos sentirnos obligados, hay que educar sobre las leyes y cuáles son los castigos en el caso de que otra persona no fuera a respetar esos límites, y la necesidad de que previamente se puedan establecer como una forma de protección.
Los adolescentes deben hablar de todo estos temas antes de la primera cita con los adultos, los padres deben generar un canal de diálogo para aproximarlos y que se sientan seguros y libres, asesorarlos sobre métodos de cuidado para protegerse de embarazos tempranos y enfermedades de transmisión sexual, tener libertad de expresión para explicarles sobre estar alerta de cualquier situación que les genere una inquietud temerosa o que provoque desconfianza, siempre confiar en la propia percepción, no quedarse expuesto en un sitio que no parece seguro, tratar de movilizarse siempre acompañado, o dispersarse en grupos al salir de noche, el agresor siempre está atento y actúa cuando encuentra vulnerable a la persona, si uno no conoce bien un lugar es mejor no ir solo, no aceptar bebidas o drogas de terceros desconocidos.
Los efectos del abuso son muy traumáticos, algunas conductas disfrazan la verdadera intención del abusador que ha estudiado previamente la conducta de su víctima, a veces con el objetivo de forzar a la otra persona a hacer algo que no quiere, en este caso prestar atención a las simulaciones o a terceros que pretenden mostrarse empáticos y más aún cuando son apenas conocidos.
A los padres les cuesta mucho hablar con los hijos sobre temas de sexualidad, darles libertad para expresarse suele ser un arma de doble filo, ya que tienen muchos prejuicios al respecto, además de un profundo miedo de darles ideas o acelerarlos a incursionar tempranamente en experiencias sexuales. Sin embargo, nada más erróneo y peligroso que evitar el diálogo, las herramientas que los padres dan son en este caso un entrenamiento seguro para poder prevenir conductas de terceros de alto riesgo.
El abusador se disfraza de bueno
Existen muchas técnicas del agresor para confundir a la víctima, puede ser un familiar cercano que crea una alianza para confundir, por ejemplo escucha sobre conflictos, miedos inseguridades y de esa forma establece un clima confiable para luego poder tocar, o tener conductas íntimas sin que la víctima sospeche. Los padres deben explicar a los hijos pequeños que el brazo no es igual a los genitales, que una persona mayor pretenda tener cierto tipo de contacto en una zona privada íntima como es la genital no está bien, que ese tipo de contacto se realiza cuando existe un sentimiento amoroso y que siempre debe ser de mutuo acuerdo.
Existen más de 370 millones de niñas en el mundo y mujeres víctimas de violaciones sexuales y abusos, según declara UNICEF. Hablar de esto es preservar la vida, es establecer un límite responsable, dando la oportunidad a que la vida íntima sea la vía para una sexualidad sana y placentera.
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