Alto Paraguay

Tragedia anunciada

Con las lluvias persistentes de los últimos meses en la Región Occidental, localidades como Toro Pampa, Bahía Negra, María Auxiliadora y Fuerte Olimpio quedaron prácticamente bajo agua, con caminos destruidos e intransitables.
Logo institucional. El Nacional.

El norte del Chaco paraguayo vive una tragedia que no es solamente natural. Las inundaciones recientes, que sumen a vastas zonas del Alto Paraguay bajo el agua, son apenas el síntoma visible de un abandono estructural profundo, persistente y, sobre todo, político. Más del 80% del territorio está afectado por intensas lluvias y la crecida del río Paraguay y sus afluentes, que provocaron el aislamiento de comunidades enteras, el desplazamiento forzoso de familias y la destrucción de la ya precaria infraestructura existente.

Las imágenes de personas caminando 85 kilómetros entre agua y barro en busca de ayuda deberían ser un llamado urgente a la acción. Pero lo que tenemos es apenas un atisbo de contención. La Secretaría de Emergencia Nacional asistió a unas 1.500 familias, aunque las necesidades superan las 6.000. Se instaló una base de rescate aéreo en Fuerte Olimpo, pero con cada día que pasa, la crisis se profundiza. Se habla de recuperar apenas el 30% de los potreros dentro de un mes, si no vuelven las lluvias. ¿Y después?

La catástrofe ambiental no puede analizarse sin su dimensión política. Alto Paraguay es el departamento con menor cantidad de electores del país. Esa realidad demográfica condenó a su población al olvido: sin votos que ofrecer, no hay atención sostenida. Con un Gobierno que ya piensa en las próximas elecciones, lo que no rinde políticamente se deja al margen. Sin planificación, sin políticas públicas de largo plazo, sin obras de infraestructura esenciales, el Alto Paraguay se va despoblando... pero no se vacía. A medida que los paraguayos se ven forzados a migrar o abandonar sus tierras, se consolida la presencia de brasileños, incluso en los puestos de peones u obreros, o como trabajadores de estancias que avanzan sobre un territorio cada vez más ajeno.

El drama humanitario que atraviesa el norte del Chaco es también una cuestión de justicia territorial. No se trata de una ayuda momentánea, ni de enviar kits de emergencia cada vez que llueve. Se trata de transformar la lógica de Estado: de construir caminos de todo tiempo, establecer redes de drenaje, diseñar una infraestructura vial pensada para resistir y servir. El aislamiento no puede seguir siendo una condena geográfica ni una estrategia electoral.

Es momento de que el Gobierno asuma con seriedad la responsabilidad de integrar el Alto Paraguay al resto del país. Se necesita una planificación territorial adecuada, sistemática y con visión de futuro. Porque no puede haber un Paraguay verdaderamente unido si hay regiones enteras condenadas a la marginalidad.