No habrá reforma educativa sin docentes capacitados

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La reciente ola de aplazos masivos entre los docentes del sistema público paraguayo ha encendido una alarma que ya no puede ser ignorada. No se trata de un hecho aislado ni de una mera cuestión de desempeño individual: estamos ante el reflejo de una crisis estructural y profunda en el sistema educativo nacional.

Los resultados evidencian una problemática de fondo. Más del 60% de los docentes sometidos a evaluaciones no lograron alcanzar los estándares mínimos exigidos. Entre las causas más señaladas se encuentran la falta de capacitación continua, el acceso desigual a recursos pedagógicos, la precarización laboral y un modelo de formación docente desactualizado, muchas veces alejado de las realidades del aula. A esto se suma un sistema de evaluación que, aunque necesario, fue implementado sin una estrategia clara de acompañamiento y formación previa, exponiendo más fallas que generando soluciones.

Las consecuencias son tan previsibles como graves. Si quienes deben formar a las futuras generaciones no están debidamente preparados, el impacto se traduce en generaciones de estudiantes mal instruidos, con serias deficiencias en comprensión lectora, pensamiento crítico y resolución de problemas. Es un círculo vicioso que perpetúa la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, limitando las oportunidades reales de progreso individual y colectivo.

Factores estructurales también deben considerarse. La educación en Paraguay ha sido, históricamente, víctima del desinterés político, la burocracia ineficiente, la improvisación y la corrupción. El magisterio, por su parte, ha sido rehén de sindicatos que, en muchas ocasiones, priorizan intereses corporativos antes que la mejora genuina del sistema. Las políticas educativas han carecido de continuidad, planificación y evaluación rigurosa. No hay sistema que sobreviva a semejante improvisación.

El impacto en la sociedad es alarmante. La falta de confianza en la educación pública genera una brecha cada vez más amplia entre quienes pueden acceder a la educación privada y quienes deben conformarse con lo que el gobierno les ofrece. Esto no solo profundiza la desigualdad, sino que atenta contra el principio constitucional de igualdad de oportunidades.

¿Qué debe hacer el Gobierno Nacional? Lo primero es dejar de tratar el tema como una coyuntura y abordarlo como una política de Estado. Se necesita una reforma integral del sistema educativo, comenzando por la formación y actualización permanente de los docentes. Esta debe ser obligatoria, gratuita y con evaluación progresiva. Asimismo, urge fortalecer los institutos de formación docente, dotándolos de tecnología, materiales y profesionales capacitados.

En cuanto a presupuesto, se debe invertir más en educación en forma gradual, pero también debe invertir mejor. Un presupuesto más amplio, transparente y estratégicamente orientado no es un lujo: es una condición indispensable para salir del estancamiento. Y en el contexto actual de aplazos masivos, esta inversión ya no es una opción: es una urgencia nacional. Así como también la malla curricular debe ser revisada y actualizada.

El gobierno  debe garantizar condiciones laborales dignas, invertir en infraestructura escolar y rediseñar un sistema de evaluación que no sea punitivo, sino formativo. Además, la transparencia y el control social en el uso del presupuesto educativo deben ser prioridad.

El desafío es inmenso, pero postergar decisiones ya no es una opción. Si el Paraguay aspira a un futuro con desarrollo, justicia y equidad, debe comenzar por su pilar más básico: una educación pública de calidad. Y esa calidad empieza, indefectiblemente, por sus docentes.