Estancados en el futuro

Estancados en el futuro

El futuro del Paraguay está en manos del Partido Colorado, ya sea la grandeza o debacle del país, lo bueno o malo que le pase a este, están inquebrantablemente unidos a la voluntad y capacidad de gestión de la ANR, como partido, ya no solo hegemónico en un país antaño “bipartidista”, la realidad fáctica, ante la incapacidad de la oposición en general y el Partido Liberal en particular, ha convertido al Paraguay, de facto, en un país “unipartidista”, de ahí el reto y responsabilidad de la ANR a la hora de cargar este muerto.

Un sistema unipartidista tiene sus riesgos, tal vez presente más problemas que ventajas a la hora de desarrollar un país. La “estabilidad” política que dicho sistema puede ofrecer como algo positivo, no es más que la estéril estabilidad de un cementerio. No representa una ganancia real. Pues esta estabilidad se sustentaría no sobre la pluralidad de pensamientos y el sano debate que sustenta a una democracia donde las diversidades tienen una caja de resonancia en sus instituciones políticas.

La férrea hegemonía unipartidista implica acallar las voces disidentes, no existen otras visiones que puedan ofrecer respuestas distintas a los habituales problemas que se presentan en una república. La evolución natural de un sistema político como este es el estancamiento no solo político, sino también económico, ya sea por la falta de capacidad de innovación como por la obvia tendencia natural a la corrupción, pues si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente; no puede ser de otra forma. ¿Qué incentivo puede tener una clase política ante la carencia de la necesidad de competir? ¿Qué incentivo para mejorar, para pulirse, podrá existir, pues la ausencia de rivales políticos no los obliga a ello? ¿Por qué cambiaría, si haga lo que haga, su hegemonía le seguirá asegurando su sitial en el poder?

Hace unos años, podríamos tener el consuelo de que la mayor y efectiva oposición al Partido Colorado era el propio partido, que siempre generaba disidencias válidas, y a veces necesarias ante sus propios gobiernos. Pero hasta eso parece estar cambiando ante esta nueva versión de la ANR casi completamente cooptada por un mando unipersonal que opera por fuera y por arriba del mismísimo Santiago Peña, que da la sensación de que existe un poder paralelo que aún tiene atadas las manos al novel presidente de la República, un Damocles que rinde tributo a ese poder que se sabe superior a él y no se anima a mirar arriba para no ver la espada que se balancea sobre su cabeza.

Y estamos ante problemas estructurales que no se han sabido responder efectivamente en los últimos veinte años, si bien el país ha mejorado en algunos aspectos, si algo ha crecido, ha sido más bien de forma vegetativa o incluso inercial, al antojo de los vientos económicos que azotan la región. No ha despegado, no hemos visto cambios vertiginosos y sólidos en lo que va del siglo. Al contrario, se comienza a ver un desgaste del modelo. El periodo de gobierno anterior no se ha destacado, si bien afrontó una crisis sanitaria mundial, en realidad solo siguió la tendencia de la última década. El PIB per cápita, de acuerdo al FMI, incluso descendió, pasando de los 5.900 dólares en el 2018 a 5.800 dólares en este año que va cerrando. Mientras el PIB subió tímidamente de los 40.000 millones a los 44.000 millones, así también lo hicieron el déficit fiscal que no tuvo saldo positivo no solo en los años de Mario Abdo, sino que lleva 12 años en negativo, fue en el 2011 la última vez que se tuvo un superávit de casi 400 millones de dólares, desde entonces siempre se jugó el partido a pérdida, llegando a tener déficits superiores al -5% en los últimos años, los cuales superan los 2.000 millones de dólares. Hablando de superarse cada año, otro ítem que no para de crecer es el de la deuda, que en el 2011 llegaba a solo el 11% del PIB y hoy araña el 40%, Mario Abdo tuvo el honor de duplicarlo durante su mandato, pues había recibido el gobierno con un 22%.

Este peligroso estancamiento se ve reflejado tal vez en el dato más doloroso de nuestra realidad, que es el de la pobreza: en el 2018 el 24,2% de la población era pobre, este año lo siguen siendo el 24,7%, es decir, incluso ha aumentado.

En este momento podríamos decir que Mario Abdo forma parte del pasado, que ahora contamos con un nuevo presidente, uno más “técnico” y empapado profesionalmente por las ciencias económicas. El problema es que “no se lo siente”, Santiago Peña ya ha quemado sus primeros cien días de gobierno sin hacer nada relevante que nos hable de nuevos rumbos, de nuevos procesos que aceleren cambios necesarios, al contrario, ha usado la hegemonía partidaria para aprobar de forma “exprés” leyes como mínimo de dudosa pertinencia, como la de la Superintendencia de Pensiones. En otras materias es como si nada hubiera cambiado, el modelo del periodo de gobierno anterior parece no haber sufrido cambios en profundidad, el nuevo presidente ha seguido haciendo uso del endeudamiento como política económica, incluso del más nefasto de estos: endeudamiento para pagar deuda. Como uno de los últimos bonos aprobados, por 600 millones de dólares, que se usarán para pagar deudas a constructoras y farmacéuticas. Lo mismo va para el descuidado déficit fiscal, como regalo navideño, firmó el decreto N.º 790, donde se permite elevar el techo del déficit del 2,3% originalmente planteados al 4,1%.

Este año fue importante para el país, pues implicó la llegada de un nuevo gobierno, pero nuevo no implica necesariamente que sea distinto. La nueva Presidencia y el nuevo Congreso, que asumieron hace solo cuatro meses, tienen una particularidad: nos encontramos ante uno de los gobiernos colorados más fuertes y sólidos de esta era democrática. Y ante la completa claudicación de una oposición impotente, es mucha la responsabilidad del Partido Colorado en cuanto que carga con el destino, no solo de sus correligionarios, sino de todo el país. Por el momento, no se le ve voluntad alguna de romper la inercia mientras el país planea sin levantar del todo el vuelo. No esperemos a ver de cerca el suelo para darnos cuenta de que tenemos que comenzar a despegar de verdad para no quedar estancados en el futuro, sobre todo al ver como si nada las viejas prácticas que hoy no solo representan a referentes del oficialismo, sino también de la oposición.

Esto revela el grado de nepotismo al que se ha incurrido con tan solo meses de haber iniciado este nuevo periodo parlamentario y presidencial. Sin embargo, lejos de combatir este hecho, las autoridades alegan estar excluidos de la Ley de la Función Pública que prohíbe el nepotismo y que se rigen por la 6.622, en cuanto a contrataciones. Esta defensa realizada por la Cámara de Diputados a través de su asesor jurídico raya lo absurdo. Los cientos de contrataciones que se realizaron en este corto tiempo y que propicia nada más y nada menos el planillerismo afecta directamente al erario que es de donde provienen los millonarios salarios que perciben sin ejercer una labor específica. En tanto que el Ministerio Público ya anunció la investigación por hechos de nepotismo.

Este y muchos otros problemas más son materia pendiente del presidente Peña, de lo contrario seguiremos estancados sin poder avizorar cambios a futuro.