El triunfo es del Paraguay
Que Paraguay sea sede de la final de la Copa Sudamericana 2025 no es solo un triunfo deportivo: es una inversión estratégica en la imagen internacional, en la economía local y en la capacidad de las instituciones - en coordinación con el Gobierno - para organizar eventos de gran escala. Al recibir a Lanús de Argentina y Atlético Mineiro de Brasil, nuestro país no solo pone su territorio en el mapa futbolístico, sino que demuestra que puede albergar con éxito una fiesta que trasciende fronteras.
Las cifras respaldan los factores positivos. Se proyecta que, entre 40.000 y 50.000 personas llegarán a Asunción para el partido decisivo. Este movimiento generará un impacto económico estimado en 42 millones de dólares. Además, el sector hotelero reporta una ocupación del 100 % en Asunción, y casi la totalidad de los albergues están ocupados en otras ciudades del departamento Central. La demanda se dispara, no solo para dormir, sino para vivir una experiencia cultural, turística y comunitaria.
Sectores como gastronomía, transporte, comercios e industria cultural también registran un apogeo de su actividad económica. Durante el último fin de semana previo a la final, la Secretaría de Turismo (Senatur) organizó una programación con fan zones, recorridos por la Costanera y tours por la ciudad, aprovechando la llegada de visitantes para mostrar nuestras atracciones locales.
El efecto sobre el empleo es palpable. Expertos estiman que alrededor de 12.000 trabajadores adicionales se movilizan para cubrir las necesidades del evento: servicios, logística, seguridad, turismo. Este pico de actividad temporal no solo inyecta dinero, sino que fortalece cadenas productivas locales y motiva inversión en infraestructura turística, con miras a futuros eventos.
Desde el punto de vista diplomático, ser sede de una final internacional coloca a Paraguay ante 144 países espectadores, gracias a la televisación y cobertura de la Conmebol. Esa visibilidad funciona como una vidriera global: no solo para el fútbol, sino para mostrar nuestra capacidad organizativa, nuestra hospitalidad y el potencial turístico del país.
Los equipos que protagonizan la final también aportan valor al relato. Atlético Mineiro, con su potente base brasileña, aporta seguidores que ya conocen el peso histórico del club; Lanús, desde Argentina, trae una hinchada apasionada y experta en competencias internacionales. Su presencia refuerza el atractivo del partido y, por extensión, de Paraguay como anfitrión de grandes citas deportivas.
El Gobierno declaró el evento de interés nacional, y varias instituciones públicas y privadas se unieron para articular la organización. Esa coordinación es clave para que un encuentro tan masivo no sea simplemente un espectáculo, sino una oportunidad de desarrollo sostenible. La experiencia acumulada en eventos anteriores, como el World Rally, demuestra que ya tenemos capacidad institucional para manejar la logística, la seguridad y el turismo.
La final no es solo un partido: es una gran oportunidad para que Paraguay consolide su lugar en la escena deportiva y turística de la región. Pero el desafío va más allá del evento puntual. Si aprovechamos este impulso, podemos consolidar un modelo de crecimiento que incluya más eventos internacionales, más turistas y una economía de servicios más robusta. En ese sentido, la final de la Sudamericana es una gran victoria para nuestro país, pero a la vez una invitación a planificar en el largo plazo