Argentina y su actitud de Caín con Paraguay
Una nueva semana de agitaciones diplomáticas y comerciales se cierra. La relación entre ambos países entra en una compleja situación en la que el manejo de la diplomacia será fundamental, de manera que el Paraguay pueda velar por sus intereses soberanos y universalmente consagrados. Cada día que transcurre nuestros gobernantes deben estar a la altura de cada situación presentada, haciendo honor y réplica a emblemáticos diplomáticos que, a lo largo de su historia, supieron hacer frente a durísimas tensiones.
El arbitrario peaje pretendido en la Hidrovía Paraguay-Paraná y la empecinada actitud de la Argentina en cobrarlo, ha llevado al Paraguay al anuncio de no apoyar la causa argentina ante el Fondo Monetario Internacional y no emitir su no objeción. Cuestión que desde luego complica los futuros desembolsos que el organismo internacional tenga que hacer con el vecino país.
Por otra parte, el Presidente en ejercicio, Pedro Alliana, anunció el día lunes el retiro del 100% de la energía correspondiente al Paraguay. Con esta medida, el Paraguay, de utilizar un 15% de la energía que le correspondía, pasó a utilizar la totalidad de la misma. Si bien el propio presidente Santiago Peña anunció en medios extranjeros que esta medida es por las deudas de la Argentina con el Paraguay, es más que lógico que la causal es la total falta de colaboración del gobierno argentino y su empecinamiento con el cobro de peaje.
La Argentina, lejos de demostrar actitud y capacidad de negociación para sobrellevar esta situación, ha cometido un acto aberrante desde todo punto de vista: la retención ilegal de camiones paraguayos con carga de gas GLP (propano y butano). La excusa argentina sobrepasa la parodia: una falta de autorización del Ministerio de Energía y un control por una supuesta subvaloración de mercadería.
Históricamente, el manejo de cargas de este tipo ha sido realizado con el mayor cuidado y bajo un estricto protocolo de seguridad. Todo lo consistente en hidrocarburos, por ejemplo, se realiza en el acto, e incluso los actos de despacho se hacen de manera previa por cuestiones de seguridad. Siempre se han visto tiempos de espera que no superan la hora, dado el peligro que representa la retención de estas mercaderías. Ni que decir cuando hablamos de cargas GLP, que, ante el intenso calor de estos días, ventean hasta de manera automática.
Al Gobierno argentino, fiel a una actitud caprichosa y arbitraria, vista en las últimas semanas, no le ha importado absolutamente en nada esta peligrosidad. De manera a adoptar deshonrosa venganza en este conflicto comercial, ha tomado esta decisión que raya en la incapacidad racional de sus gobernantes e incluso apeligra la seguridad de sus propios compatriotas, al retener durante días cargamento que debe ser manejado cuidadosamente.
Menos importó a la Argentina el alcance de la llegada de este cargamento al Paraguay, donde en un importante porcentaje incide la provisión constante y considerable de gas GLP. La Argentina adoptó una reacción totalmente desmedida, arbitraria y caprichosa. Tampoco ha emitido argumentos válidos para semejante actuación y la ha justificado con una fundamentación totalmente barata.
La actitud del vecino país entristece y no representa ni la sombra de lo que fuera la política exterior en el periodo de emblemáticos, como el mismo Carlos Saavedra Lamas, quien incluso medió por la paz de Paraguay y Bolivia ante tanta crudeza de una guerra que destruía a paraguayos y bolivianos, causa que le hizo merecedor del distinguido premio Nobel de la Paz. ¿Dónde han quedado aquellas capacidades e intelectualidades argentinas para sobrellevar por la vía diplomática un conflicto?
Y lo que es peor, recientemente el presidente Alberto Fernández declaró ante la ONU: “La Argentina se opone firmemente a la utilización de medidas unilaterales de coerción y a la adoptación de prácticas comerciales discriminatorias. La perpetuación del bloqueo contra Cuba es inadmisible”. La cátedra de hipocresía es colosal, pareciera que la Argentina olvidó por unos momentos la actitud que viene teniendo con el Paraguay. La ilegal retención de camiones fue motivo de protestas y repudio en diferentes medios. Incluso los gremios de camioneros amenazaron con medidas de cierre. La Argentina no pudo con esto y dada la manifiesta ilegalidad, gradualmente fue disponiendo la liberación de camiones. En Puerto Pilcomayo el pasado viernes comenzó la liberación de seis camiones, totalizando el número de diecisiete camiones liberados. Los camiones, luego de la arbitraria odisea impuesta, han llegado al Puerto de Itá Enramada.
Aún hay más de veintidós camiones paraguayos varados en territorio argentino, los cuales deben realizar la travesía hasta llegar al puerto paraguayo. Preocupa el devenir de los mismos, las reacciones argentinas han demostrado una completa irracionalidad. El Gobierno paraguayo debe permanecer en plena atención, y sobre todo, demostrar una íntegra defensa diplomática de los intereses nacionales. Insistimos de manera constante en que el ejercicio de la diplomacia es tarea seria, no es una mera gestión de fraternidad internacional, sino parte fundamental del desenvolvimiento de un Estado y se debe demostrar altura ante cada situación.
La situación sigue revistiendo de seriedad sin poder ser subsanada. La política exterior y la relación comercial con el vecino país siguen en latente tensión. El vicepresidente Pedro Alliana habló recientemente de un acercamiento para poder resolver y acordar en mesa de negociación los puntos críticos. La ciudadanía se encuentra en espera y estará atenta a los resultados.
Argentina debe aceptar la independencia paraguaya de una vez por todas -han pasado 212 años- y como socios pares del Mercosur, iniciar un nuevo tiempo de relacionamiento fraterno y respetuoso con el Estado y el pueblo paraguayo que defendió Buenos Aires en 1805 y el que evitó que vayan a una guerra civil argentina con el Pacto de San José de Flores suscrito el 11 de noviembrede 1859. Debería aprender a ser un mejor país hermano, más reconocido, grato y solidario con el Paraguay.