Análisis

Accidentes fatales y el alto costo de la falta de infraestructura vial

logo El Nacional EN

Hasta junio del 2025, la Agencia Nacional de Tránsito y Seguridad Vial (ANTSV) confirmó que entre cuatro y cinco paraguayos mueren al día en accidentes de tránsito. Es decir, cada ocho horas aproximadamente, una familia pierde a un ser querido en las rutas del país. La tragedia es constante y, sin embargo, sigue tratándose con indiferencia oficial. Esta realidad no es un destino inevitable, sino la consecuencia directa de un atraso estructural y de políticas viales que nunca estuvieron a la altura del desafío.

Paraguay arrastra un déficit inmenso en infraestructura: se necesitan al menos 25.000 kilómetros de rutas asfaltadas, pero apenas contamos con 14.000. Ese vacío de 11.000 kilómetros equivale a comunidades aisladas, a productores que no pueden sacar su mercadería y a miles de conductores obligados a transitar por caminos inseguros. La Ruta PY03, entre Limpio y 25 de Diciembre, es un ejemplo doloroso: un tramo que se asemeja más a un campo minado que a una vía estratégica, donde circular se vuelve un acto de riesgo. 

Según la ministra de Obras Públicas y Comunicaciones, a mayo del 2025, gracias a la serie de licitaciones se "han puesto en la calle" - según sus propias palabras - USD 420 millones en procesos para obras, algunos de ellos con ofertas recibidas y próximos a la adjudicación. Sin embargo, la explicación para esta gran desidia está en la falta de inversiones reales, en licitaciones opacas y ausencia de planes de mantenimiento integral. Se construyeron rutas sin prever su cuidado, y los parches se multiplican sin solucionar el problema de fondo. Mientras tanto, Paraguay figura entre los países con mayor índice de muertes en rutas de la región, y más del 70 % de las víctimas son motociclistas jóvenes, trabajadores y estudiantes que buscan una vida mejor.

Otro gran déficit estructural son las dimensiones inadecuadas de la mayoría de las rutas. Paraguay pasó de producir 3 millones de toneladas de soja a más de 10 millones, lo que triplicó el tránsito de camiones de gran porte. Sin embargo, la mayoría de las carreteras son de tráfico en ambas direcciones, con apenas 7 metros de ancho, banquinas de menos de 2 metros y señalización precaria. No se trata solo de asfaltar más caminos, sino de diseñarlos de acuerdo al parque automotor y a los medios de transporte que efectivamente los utilizan. Una red vial moderna exige rutas de todo tiempo, seguras y con dimensiones acordes a la carga y al volumen de tránsito actual.

Se impone un plan nacional de mantenimiento vial, que abarque todos los tramos y no solo los puntos críticos. La reciente modificación de la Ley de Alianza Público-Privada abre una ventana: ahora el estado puede financiar hasta un 30 % de los proyectos, facilitando que el sector privado participe con peajes bien administrados. Pero para que funcione, se necesita transparencia y que lo recaudado vuelva efectivamente al asfalto, y no se pierda en la maraña burocrática. Otro punto es la mala calidad de los proyectos, nos condena lo "provisorio eterno".

El espejo regional muestra que sí es posible. Uruguay y Chile consolidaron redes seguras y modernas gracias a concesiones claras, controles estrictos y políticas que pusieron a la seguridad del ciudadano en primer lugar. Paraguay no tiene por qué resignarse al atraso: cuenta con mano de obra calificada, incluso con creciente inclusión de mujeres en la construcción vial, y dispone de los recursos legales y técnicos para dar un salto cualitativo.

No basta con más cemento, se necesita educación vial, fiscalización efectiva y un transporte público eficiente que reduzca la dependencia del automóvil y de la motocicleta. Cada muerte en las rutas paraguayas es una advertencia de lo que no se hizo. 

Hoy la elección es clara: o seguimos pagando el precio de la desidia, o apostamos a un país que funcione sobre ruedas firmes y seguras. No se trata de un lujo ni de una aspiración lejana, se trata de salvar vidas y de construir el futuro, porque estamos ante una epidemia que sigue cobrando vidas y el costo por el atraso y la falta de infraestructura vial en el Paraguay es muy alto.