En los últimos 20 años, la exportación de carne vacuna se ha consolidado como uno de los motores del crecimiento económico del país. De apenas USD 57 millones exportados en 2003, hoy se superan los USD 2.000 millones.
Este crecimiento fue posible gracias al esfuerzo conjunto de todos los eslabones de la cadena: los productores invirtieron en genética, tecnología e innovación; los frigoríficos modernizaron sus operaciones logísticas y financieras; y el Senacsa fortaleció el sistema sanitario, lo que permitió la apertura de numerosos mercados internacionales.
Sin embargo, en los últimos años esta cadena de valor comenzó a resquebrajarse por conflictos internos que dividen a sus integrantes.
La disputa
Actualmente, una pulseada enfrenta a productores con frigoríficos. El problema tiene raíces estructurales: existen más de 116.000 productores de ganado, pero solo dos frigoríficos concentran el 65% de las compras, según datos de la Asociación Rural del Paraguay.
Esta fuerte asimetría generó denuncias públicas de los productores, que acusan a los frigoríficos de prácticas monopólicas y fijación artificial de precios.
El análisis exige matices. Por un lado, los que venden su ganado a frigoríficos de exportación no superan los 5.000, en su mayoría grandes productores. Cerca de 100.000 pequeños productores quedan fuera de esa cadena. Por otro, si bien es cierto que existe una alta concentración en el sector frigorífico, este es un fenómeno global: las fusiones y adquisiciones se repiten en distintos rubros económicos, haciendo a las empresas más grandes y competitivas.
Oligopolio y comportamiento
Más allá de las cifras de mercado, lo relevante es el comportamiento empresarial. Si se comprueban prácticas monopólicas que restrinjan la libre competencia o manipulen precios, corresponde la sanción.
Un segundo conflicto reciente es la intención del Senacsa de suspender la vacunación contra la fiebre aftosa, bajo el argumento de que la enfermedad estaría erradicada. Esto permitiría reducir costos de producción y abrir el acceso a mercados preferenciales.
La propuesta, sin embargo, despierta una férrea oposición de los productores, que recuerdan el brote de 2011, cuando el cierre abrupto de los mercados internacionales provocó pérdidas millonarias.
Riesgo y desafío
El riesgo es evidente: si cada eslabón defiende únicamente su interés inmediato, el país entero pierde competitividad. Los compradores internacionales no esperan; tienen alternativas en Brasil, Uruguay o Australia, donde productores, frigoríficos y autoridades trabajan bajo estrategias comunes.
La experiencia internacional muestra que el camino pasa por mesas de coordinación permanente, transparencia en la información y un árbitro institucional fuerte. En Paraguay, ese rol debería asumirlo Senacsa, con credibilidad técnica e independencia de intereses políticos o sectoriales.
El desafío no es definir quién gana la pulseada de precios o regulaciones, sino reconstruir confianza y generar reglas claras y estables que permitan a toda la cadena producir más valor.
Porque la carne paraguaya no se vende como productor ni como frigorífico: se vende como país.
Hoy más que nunca se necesita una visión de largo plazo y una convicción común: solo ganamos si ganamos todos.