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Precarización, inflación e informalidad

Trabajadores ganan menos que hace 10 años, afirma Rodrigo Ibarrola del Control de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya.

11 Agosto de 2025
11 Agosto de 2025
El populoso Mercado N° 4, emplea a miles de personas.
El populoso Mercado N° 4, emplea a miles de personas. Gentileza.

El malestar social en torno al empleo no es solo una percepción. Medidos en guaraníes constantes de 2015, todos los trabajadores -excepto los funcionarios públicos- ganan menos hoy que hace diez años; así lo asegura el economista Rodrigo Ibarrolla, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).

A modo de ejemplo, la inflación acumulada entre 2015 y marzo de 2025 fue del 50%, mientras que el salario promedio aumentó en menos del 40%.

"Más grave aún es la evolución de los precios de bienes esenciales. Los alimentos subieron un 83% y el transporte un 44% en el mismo periodo. Estos rubros tienen un peso significativo en la canasta de consumo de los hogares de ingresos medios y bajos", resalta.

Así, la pérdida de poder adquisitivo es mucho más aguda en la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.

Este contexto de bajos salarios reales y elevada informalidad no solo afecta a los trabajadores, sino también a la economía en su conjunto. Los salarios son una fuente principal de demanda.

Su estancamiento restringe el consumo privado, limitando el crecimiento del mercado interno, lo que desemboca en una demanda agregada débil, que es componente esencial del crecimiento.

Vale recordar sobre este punto que el Gobierno se encuentra en proceso de reajustar el cálculo de precios de bienes y servicios de la canasta de modo a reflejar mejor la realidad social del paraguayo promedio.

Rodrigo Ibarrolla.
Rodrigo Ibarrolla.

Ingreso débil

Un elemento clave para comprender la debilidad de la mejora salarial es el régimen de salario mínimo vigente en Paraguay. Su regulación, aunque formalmente institucionalizada, muestra grandes limitaciones en términos de diseño, actualización y capacidad de fiscalización.

El salario mínimo se fija por decreto del Poder Ejecutivo, basándose en recomendaciones del Consejo Nacional de Salario Mínimo (CONASAM), que integra a representantes del Estado, los empleadores y los trabajadores.

Desde el Decreto n.º 3894/15, se establece que debe ajustarse anualmente en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC), asegurando su mantenimiento en términos reales.

"Sin embargo, esta regla automática no incorpora variables como el crecimiento de la productividad ni el costo real de vida por estrato socioeconómico", observa el economista.

Antes del último incremento de G. 100 mil que corrió desde el pasado julio, el salario mínimo mensual era mayor tanto del salario promedio como del salario mediano de los asalariados y cuentapropistas. En la actualidad, el mínimo en Paraguay asciende a G. 2.900.000, que en realidad es el techo para la mitad de toda la clase trabajadora.

Esto significa que su capacidad real de incidir en la distribución del ingreso está limitada por varios factores, pero uno sobresale entre todos: su baja cobertura efectiva.

Implicancias 

¿Qué significa que el salario promedio y mediano estén por debajo del salario mínimo? Bien, cuando el salario mínimo legal es superior a ambos, significa que más del 50% de los trabajadores gana por debajo de lo que la ley establece como piso salarial, lo cual refleja una aplicación inefectiva del salario mínimo, un mercado laboral altamente informal o precarizado y una débil capacidad de fiscalización y cumplimiento de las normas laborales.

En otras palabras, cuando el salario mínimo supera al salario promedio o mediano, no es porque el mínimo sea alto, sino porque los ingresos laborales están extraordinariamente deprimidos o mal distribuidos, generalmente por alta informalidad, empleo precario y baja productividad, resaltó el analista.

Falta reforma

Los datos actuales del mercado laboral paraguayo no permiten afirmar que se está viviendo una mejora estructural. Si bien hay una recuperación parcial de las tasas de ocupación y crecimiento continuo en el número de cotizantes, estos fenómenos no se traducen en mejores ingresos reales ni en una mayor formalización.

Además, el marco regulatorio del salario mínimo, aunque estable en términos institucionales, muestra serias limitaciones para actuar como herramienta efectiva de mejora del bienestar laboral.

La desconexión entre crecimiento económico, productividad y salarios persiste como uno de los principales retos para la política pública, lamentó el economista.

En este contexto, urge avanzar hacia una ampliación y fortalecimiento de la negociación colectiva, la implementación de políticas fiscales y laborales integradas más agresivas que promuevan la formalización y una política de monitoreo del poder adquisitivo real de los trabajadores, que incorpore la evolución de los precios de los bienes esenciales.

"El crecimiento económico debe traducirse en bienestar compartido. De lo contrario, se corre el riesgo de consolidar un modelo de desarrollo desigual, donde las ganancias se concentran y las mayorías quedan relegadas", redondeó.

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