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Paraguay mantiene el menor costo laboral no salarial de la región, una ventaja, pero con desafíos

Un informe de la consultora argentina Invecq revela que Paraguay se posiciona como el país con las cargas patronales más bajas de la región. Los costos no salariales ascienden al 44% del salario promedio, muy por debajo del 79% de Argentina y del 63% de Brasil. Esta ventaja impulsa la atracción de inversiones, aunque persisten desafíos vinculados a la informalidad y la baja cobertura social.

José Zalazar 20 Octubre de 2025
20 Octubre de 2025
Foto referencial.
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Paraguay se posiciona como el país con el menor costo laboral no salarial de Sudamérica, según un reciente informe de la consultora argentina Invecq. El estudio, basado en datos del año 2024, muestra que los costos no salariales, es decir, las cargas adicionales al salario que debe asumir el empleador.

Cifras

Es sabido que Paraguay tiene de hecho unas cifras macroeconómicas atractivas para la inversión extranjera. Entre ellas podemos hacer foco esta vez en el ámbito laboral. Y tenemos que las cargas adicionales al salario que debe asumir la persona que contrata mano de obra en el país en relación de dependencia ascienden al 44% del salario promedio, frente al 79% de Argentina, el 63% de Brasil, el 61% de Uruguay, el 58% de Chile y el 54% de Colombia.

"Este indicador es clave para entender la competitividad laboral de las economías latinoamericanas, ya que los costos no salariales incluyen los aportes patronales a la seguridad social, los seguros obligatorios, las vacaciones pagadas, los aguinaldos y otros beneficios legales. En otras palabras, reflejan cuánto le cuesta realmente a una empresa contratar a un trabajador, más allá del sueldo que este percibe en mano", indicó el economista Arturo Cardús Silvera.

"En Paraguay, estos costos son relativamente bajos debido a un sistema previsional menos oneroso, menores cargas patronales y una estructura impositiva más simple. Por ejemplo, los empleadores aportan el 16,5% al Instituto de Previsión Social (IPS), mientras que en países como Argentina o Brasil las contribuciones superan ampliamente el 25%. Esta diferencia hace que las empresas instaladas en Paraguay tengan un margen más amplio para invertir o aumentar su nómina sin que el costo total por empleado se dispare", agregó Cardús.

Desde el punto de vista macroeconómico, esta situación contribuye a mantener a Paraguay como un destino atractivo para la inversión extranjera, especialmente en los sectores de manufactura, servicios tercerizados y agronegocios. En los últimos años, diversas firmas brasileñas y argentinas han trasladado parte de sus operaciones al país en busca de un entorno laboral más flexible y menos costoso.

Desafíos

Sin embargo, un bajo costo laboral no necesariamente implica un mercado de trabajo saludable o equitativo. En el caso paraguayo, la informalidad sigue afectando a cerca del 60% de la población ocupada, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta alta tasa significa que la mayoría de los trabajadores no accede a seguridad social, vacaciones ni jubilación, lo que debilita el sistema previsional y genera desigualdades estructurales.

Asimismo, la baja presión contributiva limita los recursos del Estado para mejorar servicios como la salud, la educación o la protección social. En este sentido, el desafío de Paraguay no es solo mantener su competitividad laboral, sino lograr un equilibrio entre flexibilidad para las empresas y protección para los trabajadores.

En contrapartida, Argentina, que encabeza el ranking con un 79% de costo no salarial, enfrenta un escenario opuesto: altísimas cargas patronales que encarecen el empleo formal y empujan a la informalidad. Esto resulta en una paradoja económica en la región, ya que demuestra que ni los costos excesivos ni los demasiado bajos garantizan un mercado laboral eficiente.

En suma, Paraguay exhibe una ventaja competitiva en términos de costo laboral no salarial, pero debe avanzar hacia una mayor formalización, cobertura social y productividad. La clave estará en encontrar un punto de equilibrio que permita sostener el atractivo económico sin sacrificar derechos laborales ni la calidad del empleo.

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