Las tarjetas de crédito se consolidan cada vez más como una de las principales herramientas de financiamiento de los paraguayos. Según los últimos datos de la Superintendencia de Bancos, el saldo de deuda asociado a este instrumento registró un crecimiento interanual del 30% al cierre de abril de 2026, una expansión que supera ampliamente el avance del crédito total en moneda nacional, que alcanzó el 15,35% en el mismo período.
El comportamiento evidencia una aceleración sostenida del uso del financiamiento a través del plástico, tanto para compras cotidianas como para gastos extraordinarios. Analistas del sector financiero señalan que las tarjetas se han convertido en una alternativa cada vez más utilizada por los hogares para afrontar compromisos de corto plazo, aprovechar promociones comerciales o distribuir pagos en cuotas.
El crecimiento más intenso se observa en los segmentos de menor endeudamiento. Las líneas de crédito inferiores a G. 3 millones, generalmente utilizadas por clientes de ingresos bajos y medios, muestran una dinámica particularmente activa. Este comportamiento sugiere que una parte importante del aumento del consumo está siendo impulsada por financiamiento de pequeña escala, destinado principalmente a gastos corrientes.
En el segmento de líneas de crédito de entre G. 3 millones y G. 5 millones, la cartera alcanzó un saldo de G. 820.800 millones al cierre de abril, lo que representa un incremento del 17,9% respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo, este grupo también exhibe una tasa de morosidad del 7,5%, una de las más elevadas dentro del sistema, reflejando las dificultades que enfrentan algunos usuarios para mantener al día sus obligaciones financieras.
Por otro lado, las líneas superiores a G. 10 millones continúan concentrando el mayor volumen de recursos. Este segmento acumuló una cartera de G. 3,36 billones y registró un crecimiento anual del 29%. A diferencia de los estratos de menor financiamiento, presenta además el menor nivel de incumplimiento del sistema, con una morosidad de apenas 3,5%, lo que refleja una mayor capacidad de pago de los usuarios con ingresos más elevados.
El contraste entre ambos segmentos revela una tendencia que los especialistas siguen de cerca: mientras el crédito crece con fuerza en todos los niveles, el riesgo financiero se concentra principalmente en los consumidores con menor margen económico. Esto plantea desafíos para las entidades financieras y también para las políticas de educación financiera, en un contexto donde el acceso al crédito se expande más rápido que los ingresos de muchos hogares.
Aunque el sistema financiero paraguayo mantiene indicadores de solvencia saludables, la aceleración del endeudamiento mediante tarjetas se convierte en una señal que merece atención. El crecimiento del consumo financiado contribuye a dinamizar la economía, pero también puede derivar en mayores niveles de vulnerabilidad para las familias si el ritmo de endeudamiento continúa superando la capacidad de pago de los usuarios.
La evolución de estos indicadores será clave durante los próximos meses para determinar si el auge de las tarjetas responde a una mayor confianza de los consumidores y al dinamismo económico, o si refleja una creciente dependencia del crédito para sostener el nivel de gasto de los hogares paraguayos.