El titular interino del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Juan José Galeano, intentó enviar una señal de calma al mercado, a los empresarios y a la propia administración pública: Paraguay no está en una "economía de guerra".
Galeano sostuvo, que la desaceleración observada en los ingresos fiscales responde a un fenómeno coyuntural y no a un deterioro estructural de la economía. Según afirmó, marzo ya habría mostrado un repunte del 10% en la recaudación tributaria, un dato que el Gobierno utiliza como argumento para sostener que la situación comenzó a corregirse.
La declaración llega después de varias semanas en las que el propio discurso oficial había encendido alarmas al hablar de "ajuste de cinturones" y de una administración más austera de los recursos públicos, en un contexto de menor ingreso efectivo al Tesoro. Esa narrativa abrió dudas en el sector privado y en la opinión pública sobre si el Gobierno estaba entrando en una etapa de restricción más severa del gasto. La actual conducción interina del MEF busca ahora bajar ese tono y reposicionar la coyuntura como una tensión fiscal administrable, no como una crisis.
Pero detrás del cambio discursivo hay un dato duro que el Gobierno todavía no logra borrar del tablero: las cuentas públicas arrancaron 2026 con presión. El propio MEF informó que, al cierre de febrero, la Administración Central registró un déficit fiscal equivalente al 0,5% del PIB, mientras que los ingresos totales acumulaban una caída de 5,1%. En ese mismo corte, la recaudación tributaria se había contraído 1,2%, afectada principalmente por la baja en los impuestos externos.
Más que una caída de actividad, lo que el equipo económico viene describiendo es un efecto cambiario. La apreciación del guaraní frente al dólar redujo la base imponible de las importaciones, lo que terminó golpeando la recaudación aduanera, una fuente clave de ingresos para el fisco. Técnicamente, el país no necesariamente está recaudando menos porque "se mueve menos la economía", sino porque una parte importante del comercio exterior vale menos en moneda local al momento de tributar. Esa diferencia, para Hacienda, no es semántica: define si se trata de un bache transitorio o de un problema más profundo.
El dato del supuesto repunte del 10% en marzo es políticamente útil, pero todavía insuficiente para despejar la incertidumbre. Primero, porque un solo mes no corrige la tendencia del primer bimestre. Y segundo, porque la presión fiscal de este año no se explica únicamente por la recaudación. El Gobierno enfrenta además una estructura de gastos rígida, compromisos con proveedores, inversión pública en ejecución y una meta de convergencia fiscal que no puede abandonar sin pagar costo en credibilidad.
En otras palabras: si marzo efectivamente mostró una mejora, el alivio es real pero todavía no alcanza para cantar victoria. Lo que el mercado va a mirar no es solo si la recaudación sube un mes, sino si el Estado logra recomponer ingresos sin tocar impuestos, sin frenar la actividad y sin deteriorar la hoja fiscal en el resto del año.
Ese punto es central porque Paraguay sigue exhibiendo, al menos en el frente macro, fundamentos relativamente sólidos. El Banco Central del Paraguay proyectó para 2026 un crecimiento del PIB de 4,2%, con una inflación convergiendo hacia 3,5%, mientras que las expectativas privadas también se mantienen en ese rango. Es decir, el cuadro general de la economía no luce recesivo. El problema está más bien en la caja fiscal y en la velocidad con que el Gobierno necesita volver a ordenar su flujo de ingresos.
Al descartar una "economía de guerra", lo que hace el Ejecutivo es reconocer que esa etiqueta comenzó a tener efectos no deseados: inquietud empresarial, ruido político y sospechas de que el ajuste podría endurecerse. El Gobierno necesita ahora convencer de que el deterioro fue circunstancial, que el rebote tributario no es un espejismo y que todavía tiene margen para sostener el crecimiento sin romper la disciplina fiscal.