La morosidad bancaria en Paraguay continuó su tendencia a la baja al cierre de octubre de 2025, ubicándose en 2,36% del total de la cartera de créditos del sistema financiero, marcando una ligera disminución respecto a meses anteriores y posicionándose por debajo de la mediana histórica del país. Esta caída general se ha observado de manera interanual desde hace aproximadamente dos años, en parte impulsada por la expansión de colocaciones y ajustes en la gestión de las carteras.
A pesar de este descenso en el indicador global, los créditos al consumo —destinados principalmente a gastos corrientes de hogares y pequeñas compras— continúan siendo el segmento con la mayor tasa de retrasos en pagos, alcanzando un 4,47%, muy por encima del promedio del sistema. Este dato refleja que, aunque la banca logra mejorar su calidad de cartera, una parte significativa de los deudores enfrenta dificultades para cumplir con sus compromisos financieros.
Otros rubros con tasas de mora por encima del promedio fueron los créditos para construcción y los destinados al comercio minorista, con 3,72% y 3,33% respectivamente, lo que indica que tanto proyectos de inversión pequeños como actividades comerciales aún enfrentan tensiones en los flujos de pago. Por el contrario, sectores como la intermediación financiera y las actividades inmobiliarias mostraron tasas de morosidad muy bajas, por debajo del 1%, lo que sugiere mayor estabilidad en esos segmentos.
Especialistas señalan que la reducción general de la morosidad puede estar influenciada por una combinación de productos financieros renegociados o reestructurados, que no se contabilizan como créditos vencidos, y una mayor vigilancia por parte de las instituciones financieras en la evaluación de riesgos. Este fenómeno coincide con otros informes que muestran mejoras graduales pero persistentes en la calidad crediticia de varios segmentos.
Sin embargo, la persistencia de altos niveles de mora en los créditos de consumo es un llamado de atención para autoridades económicas y bancarias, pues podría ser un síntoma de presión sobre los ingresos de los hogares y una señal de que, pese a la mejora general, familias y pequeños prestatarios siguen enfrentando dificultades para sostener sus pagos en el contexto económico actual.

