Según analistas

Los datos del Gobierno no son tan buenos como parecen

Los buenos datos del Gobierno existen. Pero si se los mira de cerca, no son tan buenos, aseguran economistas Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya.
Analistas económicas realizan una mirada crítica de los números del gobierno. Foto: Gentileza.

El país crece, sí. Pero crecemos menos que en la década pasada, y muchísimo menos de lo que nos permitiría algún día converger —es decir, acercarnos en niveles de ingreso y bienestar— con los países desarrollados. Así lo destaca el economista José Carlos Rodríguez en una investigación realizada para el Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).

El presidente Santiago Peña y su equipo no logran entenderlo. Si todo va fenómeno, si todo está tan bien... ¿se puede saber por qué hay un ambiente de tanta insatisfacción? La aprobación del presidente de la República y de su gobierno es baja (42%) y sigue cayendo. En cambio, muchas estadísticas económicas muestran subas. ¿Será una antinomia? ¿Un oxímoron?, se pregunta el analista.

Según los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), deberíamos crecer de manera sostenida a un ritmo de al menos 7% anual para dejar atrás la pobreza estructural y convertirnos en un país próspero. 

El exministro de Hacienda César Barreto, así como organizaciones como Desarrollo en Democracia (Dende), coinciden con estas cifras de crecimiento necesario. 

Eso hicieron países que decidieron no ser "un poco menos pobres", sino dejar de serlo: desde Irlanda hasta Corea del Sur. "La nacionalidad no importa; importa el rumbo".

Sin poder adquisitivo

El economista Rodrigo Ibarrola, también del Cadep, agregó que el malestar social en torno al empleo no es solo una percepción. Medidos en guaraníes constantes de 2015, todos los trabajadores —excepto los funcionarios públicos— ganan hoy menos que hace diez años.

A modo de ejemplo, la inflación acumulada entre 2015 y marzo de 2025 fue del 50%, mientras que el salario promedio aumentó en menos del 40%.

"Más grave aún es la evolución de los precios de bienes esenciales. Los alimentos subieron un 83% y el transporte, un 44% en el mismo período. Estos rubros tienen un peso significativo en la canasta de consumo de los hogares de ingresos medios y bajos", resalta.

Así, la pérdida de poder adquisitivo se vuelve mucho más aguda en la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.

Este contexto de bajos salarios reales y elevada informalidad no solo afecta a los trabajadores, sino también a la economía en su conjunto. Los salarios son una fuente principal de demanda. Su estancamiento restringe el consumo privado, limita el crecimiento del mercado interno y desemboca en una demanda agregada débil, que es un componente esencial del crecimiento.

Vale recordar, sobre este punto, que el Gobierno se encuentra en proceso de reajustar el cálculo de precios de bienes y servicios de la canasta, de modo a reflejar mejor la realidad social del paraguayo promedio.

Insuficiente

Los buenos datos del Gobierno existen. Pero si se los mira de cerca, no son tan buenos ni suficientes, según Cadep. Eso ya tiene un remedio muy conocido: buscar la "prosperidad compartida", incluso en el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde eso suena como un elogio.

Mucho más que la economía, lo que ha crecido es el crimen organizado. En 2021 estábamos en el 4.º lugar entre los países con mayor crimen organizado; en 2023 llegamos al 3.º lugar. 

En cosas malas, hemos tenido una gran mejoría. Somos líderes mundiales en contrabando, lavado y tráfico ilegal. Se estima que hasta el 30% del PIB proviene de estas 'industrias' (según el GI-TOC). Los únicos que ganan más que los ricos, son los bandidos. Eso no es nada bueno, señala Rodríguez.

Saliendo de la economía: que el 90% crea que el país está gobernado para beneficio de los grupos poderosos, y no del pueblo, da mucho que pensar.

"El mandatario se debe a su pueblo, no a su padrino ni a su patrón. Si no fueran datos de una institución encuestadora tradicional, como Latinobarómetro, podríamos pensar que se trata de una posverdad. Pero no es así. Este es un dato sostenido, con trayectoria, en el cual Paraguay es un líder total en América Latina... como mal ejemplo". Y eso deja tanto al Gobierno como a la ciudadanía en muy mal lugar.

Justicia social

La pobreza a veces duele más cuando hay progreso... pero ese progreso no llega al que se queja.
Sin duda, hay muchas cosas que andan mejor. Una mala democracia y un capitalismo chambón son preferibles a la dictadura brutal y la oligarquía cerrada de antes.

Pero precisamente esa mejora vuelve más visibles —y más irritantes— las injusticias que persisten. El capitalismo que parece funcionar en Paraguay no es el capitalismo progresista que desea Joseph Stiglitz.
Produce riqueza, sí. Pero no la reparte bien. Por eso, quizás hoy el problema principal ya no sea la pobreza extrema (aunque persista), sino la desigualdad. Es el déficit de justicia social.

No es una antinomia ni un oxímoron. Es una realidad brutal, dispara el analista.