Cada mañana, más de 1,4 millones de paraguayas desempeñan diversos roles en el ámbito laboral: negocian con clientes, trabajan en consultorios, realizan tareas de limpieza en oficinas o se dedican a labores agrícolas. En términos concretos, estas cifras ascienden a 1.419.378 mujeres, lo que representa el 60,8 % de la población femenina paraguaya mayor de 15 años.
Este dato, particularmente relevante en el contexto del Día Internacional de la Mujer, invita a superar los discursos retóricos y adoptar un enfoque crítico y basado en evidencias para examinar la realidad del trabajo femenino en Paraguay.
Pilar económico
La fuente de estos datos es la Encuesta Permanente de Hogares Continua 2025, realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Este estudio ofrece un análisis detallado del panorama laboral de las mujeres en Paraguay, evidenciando tanto los avances logrados como las persistentes tensiones estructurales que limitan una mayor equidad, según palabras del titular del INE, Lic. Iván Ojeda.
El análisis considera cuatro aristas principales: salud, educación, vivienda y trabajo. En cuanto al empleo, la distribución sectorial del trabajo femenino refleja marcadas desigualdades: el 82,6 % de las mujeres ocupadas se desempeñan en el sector terciario (servicios, comercio, finanzas y comunicaciones), mientras que solo el 8,5 % trabaja en el sector primario y el 8,9 % en el secundario. Esto confirma que los servicios constituyen la principal fuente de empleo para las mujeres en Paraguay.
Al desagregar el sector terciario, dos ramas concentran aproximadamente tres cuartas partes del empleo femenino: los Servicios Comunales, Sociales y Personales representan un 39 % del total, y el Comercio, Restaurantes y Hoteles un 34 %. Más alejados se encuentran la Industria Manufacturera (8,4 %) y la Agricultura, Ganadería, Caza y Pesca (8,5 %).
Dinámicas ocupacionales
El análisis por categorías ocupacionales permite identificar dinámicas más profundas: las ocupaciones más comunes entre las mujeres son trabajadoras del sector privado como empleadas u obreras (31,3 %), seguidas por trabajadoras por cuenta propia (29,6 %) y empleadas domésticas (15,9 %).
Estas tendencias no son meras coincidencias estadísticas; reflejan retos significativos en el mercado laboral. La alta proporción de trabajadoras por cuenta propia sugiere un gran número de emprendedoras informales o microempresarias que generan ingresos familiares sin acceso a sistemas sólidos de seguridad social. A esto se suma que el 15,9 % de las mujeres trabajen como empleadas domésticas, un sector históricamente marcado por condiciones precarias, bajos salarios y alta informalidad. Este dato constituye un claro indicador de alerta sobre los desafíos pendientes para mejorar las condiciones laborales en este ámbito.
Si bien una tasa de ocupación femenina del 60,8 % podría interpretarse como moderadamente positiva, el contexto cualitativo detrás de esta cifra es revelador. La concentración en servicios o trabajo doméstico, la alta prevalencia del autoempleo informal y la escasa presencia de mujeres en industrias como construcción (0,4 %) y electricidad, gas y agua (0,3 %) reflejan una profunda segmentación laboral basada en género, vinculada directamente a la brecha de género. Esta fragmentación estructural no puede revertirse sin intervenciones deliberadas y efectivas.
El mercado laboral paraguayo ya no enfrenta el desafío de demostrar que las mujeres participan activamente en el trabajo; eso es un hecho. Sin embargo, sigue pendiente una cuestión fundamental: ¿las condiciones laborales a las que acceden realmente constituyen un vehículo de ascenso social? Este debate es crucial, especialmente en un día como hoy, y debe ser abordado para propiciar un desarrollo más inclusivo y equitativo.
Fuente: INE. Encuesta Permanente de Hogares Continua 2025 Anual. No incluye los departamentos Boquerón y Alto Paraguay, comunidades indígenas ni viviendas colectivas.