Por José Zalazar
La juventud paraguaya, compuesta por 1,5 millones de personas entre 15 y 29 años, representa el 25,4% de la población nacional y se posiciona como un sector estratégico para el desarrollo económico y social del país. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), basados en la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) 2024, esta franja etaria no solo es demográficamente significativa, sino que también refleja las oportunidades y desafíos que enfrenta Paraguay en materia de educación, empleo y reducción de la pobreza.
Franjas etarias
En cuanto a la estructura por edad, un 34,4% de los jóvenes tiene entre 15 y 19 años (518 mil), un 33,2% está en el grupo de 20 a 24 años (500 mil) y un 32,3% entre 25 y 29 años (486 mil). La distribución por sexo muestra una paridad relativa: 49,6% son hombres y 50,4% mujeres. Geográficamente, la mayoría reside en áreas urbanas (64,3%), mientras que el 35,7% vive en zonas rurales, lo que revela una fuerte concentración juvenil en los centros urbanos, donde se encuentran más oportunidades educativas y laborales.
La educación sigue siendo un pilar fundamental. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, un 51,6% asiste a instituciones de enseñanza formal. Sin embargo, persiste una brecha urbano-rural: 55,6% de asistencia en ciudades frente al 44,5% en el campo. Este dato evidencia desigualdades estructurales que inciden directamente en las perspectivas de empleo y calidad de vida futura.
Trabajo
En el ámbito laboral, seis de cada diez jóvenes ya forman parte de la Población Ocupada, lo que resalta su peso en el mercado de trabajo. No obstante, la alta participación laboral juvenil también puede reflejar presiones económicas que llevan a muchos a priorizar el ingreso inmediato por sobre la formación académica prolongada, a largo plazo.
Dicho fenómeno, de no ser acompañado por políticas de capacitación, podría limitar el desarrollo de capital humano en el largo plazo. Además del hecho de que la formación continua no necesariamente se ve retribuida en términos económicos por el hecho de que el mercado laboral paraguayo es muy pequeño y se satura muy rápido. Esto genera una sobreoferta de profesionales en diversos ámbitos.
Estilo de vida
En términos de condiciones de vida, los datos muestran vulnerabilidades importantes. Apenas el 23,5% de la población joven cuenta con seguro médico, con una brecha marcada entre áreas urbanas (29,5%) y rurales (12,9%). Además, el 18,4% de los jóvenes vive en situación de pobreza, lo que equivale a 275.067 personas. La incidencia es mayor en zonas rurales, donde el 24,3% de los jóvenes son pobres, frente al 15,1% en áreas urbanas. Estos indicadores revelan que, pese a ser el sector poblacional más dinámico, muchos jóvenes enfrentan barreras de acceso a servicios básicos y a una vida digna.
Dicho esto, un hecho conexo es el porvenir de los jóvenes más vulnerables. Esto porque en economía se sabe que existen tres aristas clave para determinar el nivel de vida de la persona: la vivienda, la jubilación y la movilidad propia. En cuanto al último factor, no representa algo muy desafiante hoy día, pero los dos primeros están en jaque.
En lo social, siete de cada diez jóvenes son solteros, mientras que dos de cada diez conviven en pareja. Esta estructura refleja un perfil juvenil en transición, donde la inserción al mercado laboral y el acceso a la educación condicionan los proyectos de vida.
En suma, más que nunca en la historia del Paraguay, se necesita de políticas públicas que fortalezcan el acceso a la educación superior, el empleo de calidad y la cobertura sanitaria para la juventud como estructuras de ascenso social para que algún día los jóvenes puedan tener acceso a una vivienda y jubilación dignas. Aprovechar el potencial de este grupo etario es clave para garantizar el crecimiento inclusivo y la competitividad del Paraguay en el futuro.