EconomíaRecursos y eficiencia económica

Energía vs Producción: ¿Paraguay sabe aprovechar sus recursos energéticos?

A pesar de generar casi toda su electricidad con fuentes hidroeléctricas, el país aún no traduce su abundancia energética en procesos productivos más eficientes, situándose en un nivel intermedio dentro de América Latina y el Caribe.

José Zalazar 22 Marzo de 2026
22 Marzo de 2026
Itaipú Binacional.
Itaipú Binacional. Gentileza.

La producción de riqueza está intrínsecamente vinculada al consumo de energía. Sin embargo, los países no la emplean con igual eficiencia, lo que da lugar a disparidades significativas en su desempeño económico y energético.

La intensidad energética del Producto Interno Bruto (PIB), un indicador que evalúa el consumo de energía necesario para generar un dólar de producción, pone en evidencia profundas brechas estructurales entre las naciones de América Latina y el Caribe. Los datos más recientes proporcionados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentan un panorama heterogéneo: mientras algunas economías logran producir riqueza con un consumo energético mínimo, otras aún enfrentan desafíos derivados de estructuras productivas altamente consumidoras de recursos.

Interpretación del indicador

El principio fundamental detrás del análisis de la intensidad energética es sencillo: cuanto más bajo sea el índice, mayor será la eficiencia económica de un país. Así, un valor cercano a cero indica una economía que genera un elevado rendimiento por unidad de energía consumida, mientras que índices altos reflejan una matriz productiva intensiva en recursos. Esto último podría ser resultado de un perfil industrial dependiente de recursos energéticos poco eficientes, distorsiones generadas por políticas de subsidios o la adopción limitada de tecnologías modernas y sostenibles.

En este contexto, Guyana ocupa el primer lugar en términos de eficiencia energética regional con un índice de apenas 0.02, seguido por Barbados y Granada, ambos con 0.05. Costa Rica (0.12) y Panamá (0.16) también destacan dentro de este grupo caracterizado por economías diversas, estructuras menos dependientes de la industria pesada y algunas incluso sustentadas en matrices energéticas basadas en fuentes renovables.

El caso paraguayo: un ejemplo intermedio

Dentro del rango promedio regional, Paraguay registra un índice de 0.96, ubicándose ligeramente por debajo del promedio regional de 0.98 y junto a países como Guatemala (0.95) y Colombia (0.97). Si bien esto refleja una situación no crítica en términos de eficiencia energética, el país aún no alcanza los niveles más sobresalientes dentro de la región. Lo que resulta paradójico es que Paraguay genera casi la totalidad de su electricidad mediante fuentes hidroeléctricas —destacándose con sus grandes represas como Itaipú y Yacyretá— lo cual lo posiciona como un exportador neto de energía renovable. No obstante, esta abundancia energética no se traduce plenamente en procesos productivos internos más eficientes.

El reto estructural para Paraguay reside principalmente en cómo capitalizar esta ventaja para incrementar su capacidad de generación de valor añadido. Para ello es necesaria una inversión estratégica en industrialización, desarrollo tecnológico y la construcción de un sector terciario orientado hacia actividades económicas de mayor complejidad.

Los países más rezagados

En el otro extremo del espectro se encuentra Trinidad y Tobago, cuya economía basada en la explotación petrolera presenta el índice más alto de la región: 4.43. Esto implica que requiere más de cuatro veces la energía promedio para alcanzar niveles similares de producción económica. De manera similar, otros países como Surinam (2.04), Haití (1.65) y Nicaragua (1.23) también exhiben valores elevados, aunque las razones subyacentes son distintas: mientras Trinidad y Tobago ilustra las características de una economía extractiva con alta dependencia energética, Haití y Nicaragua son ejemplos de limitaciones tecnológicas y los efectos negativos de la informalidad económica en su matriz productiva.

Energía y Objetivos de Desarrollo Sostenible

La intensidad energética guarda relación directa con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 7 (ODS 7), que promueve garantizar el acceso universal a una energía asequible, moderna, sostenible y confiable. Por lo tanto, reducir este indicador no solo implica beneficios ambientales, sino también una mejora en términos productivos, reducción de costos operativos y un incremento en la competitividad económica a largo plazo.

Para las economías más afectadas por altos niveles de intensidad energética, las prioridades incluyen una modernización integral de sus matrices productivas, inversión estratégica en tecnologías que favorezcan la eficiencia energética y una progresiva eliminación de subsidios regresivos que incentivan patrones negativos de consumo. Por su parte, Paraguay enfrenta un desafío particular: aprovechar sus vastos recursos hidroeléctricos para llevar adelante una transformación hacia una economía más sofisticada e innovadora. La riqueza hídrica del país constituye una ventaja significativa, pero el factor determinante radica en cómo se utiliza esa riqueza en términos productivos y estratégicos para consolidar un modelo sostenible y competitivo.

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