Costo de vida

Economista Rodrigo Ibarrola: "Trabajadores ganan menos que hace 10 años"

Vale recordar que el Gobierno se encuentra en proceso de reajustar el cálculo de precios de bienes y servicios de la canasta básica, con el objetivo de reflejar mejor la realidad social del paraguayo promedio.
Canasta básica cada vez más cara. EN

El malestar social en torno al empleo no es solo una percepción. Medidos en guaraníes constantes de 2015, todos los trabajadores -excepto los funcionarios públicos- ganan menos hoy que hace diez años, según el economista Rodrigo Ibarrola, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).

A modo de ejemplo, la inflación acumulada entre 2015 y marzo de 2025 fue del 50%, mientras que el salario promedio aumentó en menos del 40%.

"Más grave aún es la evolución de los precios de bienes esenciales. Los alimentos subieron un 83% y el transporte un 44% en el mismo periodo. Estos rubros tienen un peso significativo en la canasta de consumo de los hogares de ingresos medios y bajos", resalta Ibarrola.

Así, la pérdida de poder adquisitivo es mucho más aguda en la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.

Este contexto de bajos salarios reales y elevada informalidad no solo afecta a los asalariados, sino también a la economía en su conjunto. Los salarios son una de las principales fuentes de demanda. Su estancamiento restringe el consumo privado, limita el crecimiento del mercado interno y desemboca en una demanda agregada débil, componente esencial del crecimiento económico.

Vale recordar que el Gobierno se encuentra en proceso de reajustar el cálculo de precios de bienes y servicios de la canasta básica, con el objetivo de reflejar mejor la realidad social del paraguayo promedio.

Ingreso débil

Un elemento clave para comprender la debilidad de la mejora salarial es el régimen del salario mínimo vigente en Paraguay. Su regulación, aunque formalmente institucionalizada, muestra grandes limitaciones en términos de diseño, actualización y capacidad de fiscalización.

El salario mínimo se fija por decreto del Poder Ejecutivo, basándose en recomendaciones del Consejo Nacional de Salario Mínimo (Conasam), que integra a representantes del Estado, empleadores y trabajadores.

Desde el Decreto N.º 3894/15, se establece que debe ajustarse anualmente en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC), a fin de asegurar su mantenimiento en términos reales.

"Sin embargo, esta regla automática no incorpora variables como el crecimiento de la productividad ni el costo real de vida por estrato socioeconómico", observa Ibarrola.

Economista Rodrigo Ibarrola.

Antes del último incremento de G. 100.000, vigente desde julio pasado, el salario mínimo mensual era mayor tanto al salario promedio como al salario mediano de asalariados y cuentapropistas. Actualmente, el mínimo en Paraguay asciende a G. 2.900.000, que en realidad se convierte en el techo salarial para la mitad de la clase trabajadora.

Esto significa que su capacidad real de incidir en la distribución del ingreso está limitada por varios factores, pero uno sobresale: su baja cobertura efectiva.

En la práctica

¿Qué significa que el salario promedio y mediano estén por debajo del salario mínimo? Cuando el salario mínimo legal es superior a ambos, implica que más del 50% de los trabajadores percibe ingresos inferiores al piso salarial establecido por ley.

Esto refleja una aplicación inefectiva del salario mínimo, un mercado laboral altamente informal o precarizado, y una débil capacidad de fiscalización y cumplimiento de las normas laborales.

En otras palabras, cuando el salario mínimo supera al promedio o al mediano, no es porque el mínimo sea alto, sino porque los ingresos laborales están extraordinariamente deprimidos o mal distribuidos, generalmente a causa de la alta informalidad, el empleo precario y la baja productividad, subraya el economista.

Sin reforma

Los datos actuales del mercado laboral paraguayo no permiten afirmar que se esté viviendo una mejora estructural. Si bien se observa una recuperación parcial de las tasas de ocupación y un crecimiento continuo en el número de cotizantes, estos fenómenos no se traducen en mejores ingresos reales ni en una mayor formalización.

Además, el marco regulatorio del salario mínimo, aunque estable en términos institucionales, presenta serias limitaciones para actuar como herramienta efectiva de mejora del bienestar laboral.

La desconexión entre crecimiento económico, productividad y salarios persiste como uno de los principales retos para la política pública, lamentó el analista.

En este contexto, urge avanzar hacia una ampliación y fortalecimiento de la negociación colectiva, la implementación de políticas fiscales y laborales más integradas y agresivas que promuevan la formalización, así como una política de monitoreo del poder adquisitivo real de los trabajadores, que incorpore la evolución de los precios de los bienes esenciales.

"El crecimiento económico debe traducirse en bienestar compartido. De lo contrario, se corre el riesgo de consolidar un modelo de desarrollo desigual, donde las ganancias se concentran y las mayorías quedan relegadas", concluyó Ibarrola.