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Dólar en caída libre

La cotización del dólar perforó la barrera de los G. 7.000 y esta semana el tipo de cambio referencial del Banco Central se ubica en torno a los G. 6.750 por unidad, el nivel más bajo desde 2022.
El dólar sigue bajando. EN

La apreciación del guaraní, alimentada por tasas altas, confianza macroeconómica y debilitamiento global del billete estadounidense, genera alivio inflacionario y abarata importaciones, pero complica al sector exportador, a la maquila y al comercio de frontera. El mercado continúa sin ver un regreso rápido a los G. 8.000 y la incertidumbre gana espacio entre autoridades y agentes económicos.

Del pico de G. 8.000 al derrumbe por debajo de G. 7.000

El comportamiento del dólar en el mercado paraguayo a lo largo de 2025 muestra un descenso acelerado que tomó por sorpresa a gran parte del sector financiero. Durante los primeros meses del año, la divisa llegó a operar por encima de los G. 8.000, empujada por un contexto internacional más volátil y por una mayor demanda precautoria.

Sin embargo, desde el segundo semestre comenzó un proceso de apreciación del guaraní que se intensificó semana a semana. Para julio, el dólar ya rondaba los G. 7.400 y al cierre de octubre se ubicó en niveles próximos a los G. 7.100, lo que marcó la tendencia descendente más consistente desde 2022.

El punto de quiebre ocurrió a finales de noviembre, cuando el mercado minorista registró operaciones por debajo de los G. 7.000, consolidando el precio más bajo en tres años. Con el tipo de cambio referencial del Banco Central moviéndose alrededor de los G. 6.750, la discusión ya no gira en torno a si el guaraní se fortaleció, sino a cuánto tiempo puede sostenerse este nivel sin generar distorsiones en sectores clave de la economía.

Qué hay detrás de un guaraní tan fuerte

La apreciación de la moneda local responde a una combinación de factores externos e internos que convergieron a lo largo del año. Los informes del Banco Central señalan que desde junio se observó una corrección sostenida del tipo de cambio, alineada con un debilitamiento del dólar en los mercados globales y con una economía paraguaya que mostró solidez macroeconómica.

La depreciación internacional del dólar, junto con el diferencial de tasas de interés entre Paraguay y Estados Unidos, impulsó flujos de capital hacia activos en guaraníes. La tasa de política monetaria en el país se mantuvo en 6 por ciento, mientras la Reserva Federal empezó a reducir su referencia, lo que generó un retorno relativamente más atractivo para inversionistas extranjeros.

A esto se sumó un contexto interno de crecimiento económico estimado en torno al 5 por ciento, una inflación dentro del rango meta y una estabilidad financiera que refuerza la percepción de que Paraguay es un destino seguro para inversiones de cartera. Este conjunto de variables fortaleció al guaraní hasta llevarlo a niveles históricamente altos frente al dólar.

Exportadores contra las cuerdas

Mientras los consumidores celebran la reducción de precios en ciertos bienes importados, el sector exportador vive una situación crítica. La caída del dólar afecta directamente a rubros como la soja, la carne y la maquila, cuya rentabilidad depende del tipo de cambio, dado que los ingresos se liquidan en dólares pero los costos operativos se pagan mayoritariamente en guaraníes.

La diferencia entre un dólar a G. 8.000 y otro a G. 7.000 implica una pérdida sustancial por cada operación, especialmente para productores pequeños y medianos que no cuentan con mecanismos avanzados de cobertura cambiaria.

La problemática también golpea a las ciudades de frontera. En puntos comerciales como Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero y Encarnación, la combinación de un guaraní fuerte, un real brasileño más débil y un peso argentino deteriorado reduce la competitividad del comercio local.

Muchos comerciantes ya reportan menores márgenes y dificultades para reponer mercaderías importadas, lo que afecta la dinámica de uno de los sectores más intensivos en empleo del país. La preocupación crece también entre analistas que advierten que un tipo de cambio demasiado bajo durante un periodo prolongado podría desalentar inversiones estratégicas en sectores exportadores, justo cuando Paraguay busca consolidar su expansión industrial.

Alivio para importadores y consumidores urbanos

La otra cara del fenómeno cambiario se observa en el segmento importador y entre familias o empresas endeudadas en dólares. La apreciación del guaraní permite que productos importados, desde electrodomésticos hasta insumos industriales, lleguen a precios más bajos al mercado local.

Esto incide también en el costo de la deuda en moneda extranjera, que se vuelve relativamente más liviana cuando se mide en guaraníes. Para muchos hogares, esto representa un respiro financiero en un contexto de costos crecientes en otros sectores de la economía.

Además, el efecto cambiario contribuyó a moderar la inflación, dado que una parte significativa de la canasta de consumo depende de bienes externamente determinados. El Banco Central ha reconocido que la apreciación cambiaria fue un factor clave para contener presiones inflacionarias a lo largo del año, lo que permitió preservar la estabilidad de precios sin recurrir a ajustes bruscos.

Sin embargo, varios economistas advierten que este beneficio urbano tiene un costo sistémico, ya que profundiza la brecha entre sectores orientados al mercado interno y aquellos que dependen de la exportación.

La postura del Banco Central y sus límites de acción

El rol del Banco Central en este proceso se convirtió en uno de los puntos más debatidos entre agentes del mercado. Si bien el régimen cambiario paraguayo es de flotación, la institución interviene ocasionalmente para suavizar movimientos bruscos.

En momentos de mayor volatilidad, el BCP realizó ventas moderadas de dólares, pero evitó cualquier señal que pudiera interpretarse como una defensa explícita de un tipo de cambio determinado. La autoridad monetaria insiste en que no tiene un precio objetivo y que su prioridad es preservar la estabilidad macroeconómica.

No obstante, enfrenta un equilibrio complejo. Una intervención excesiva podría reducir las reservas internacionales y cuestionar la credibilidad del esquema de flotación, mientras que una ausencia total de participación podría profundizar la apreciación del guaraní y dañar sectores fundamentales de la economía real.

Hasta ahora, la estrategia del BCP apunta a intervenir solo cuando la volatilidad supera ciertos parámetros y a dejar que el mercado encuentre su propio nivel, confiando en que los ajustes externos e internos devolverán al tipo de cambio a un rango más equilibrado con el tiempo.

¿Hay piso para el dólar?

La gran incógnita es si la caída del dólar ya encontró un suelo o si la trayectoria descendente continuará. Casas de cambio y operadores reconocen que, en el corto plazo, la tendencia sigue siendo bajista debido a una abundante oferta de divisas y a expectativas de que Estados Unidos continuará flexibilizando su política monetaria.

No obstante, las proyecciones de analistas privados y del propio Banco Central coinciden en que el escenario más probable hacia fin de año es un dólar estabilizado entre G. 7.100 y G. 7.300, lo que implicaría un leve repunte desde los niveles actuales pero aún lejos de los valores superiores a G. 8.000 que marcaron el primer trimestre.

Los economistas advierten que el nivel actual no es sostenible indefinidamente si se prolonga el desequilibrio entre sectores transables y no transables. La corrección podría venir a través de un menor ingreso de capitales, un ajuste en el diferencial de tasas o un cambio en el contexto internacional que devuelva fuerza al billete verde.

Por ahora, el mensaje central del mercado es que el dólar vive uno de sus momentos más débiles de los últimos años, mientras el guaraní se posiciona como una de las monedas más fuertes de la región. El desafío para las autoridades será administrar este fenómeno sin sacrificar la estabilidad que permitió alcanzar este escenario.