La deuda del Estado paraguayo con proveedores de medicamentos volvió a encender alarmas en el sistema sanitario. La Cámara de Representantes e Importadores de Productos Farmacéuticos (Cripfa) estima que los compromisos pendientes con el sector alcanzan unos USD 775 millones, mientras que desde la Cámara de la Industria Química Farmacéutica (Cifarma) calculan que el pasivo total podría llegar incluso a USD 1.000 millones.
La advertencia no se limita a un problema contable. Según Rocío Figueroa, representante de Cripfa, el atraso en los pagos ya comienza a afectar la cadena de suministro de medicamentos y tratamientos de alto costo dentro del sistema público. Empresas proveedoras han dejado de presentarse a licitaciones y algunas terapias, especialmente oncológicas y biológicas, enfrentan riesgos de interrupción si la situación no se resuelve.
Sin embargo, desde el propio sector farmacéutico señalan que el origen del problema es más profundo que el simple incumplimiento financiero. Figueroa sostuvo que la deuda es, en gran medida, la consecuencia de una expansión del sistema de salud sin el financiamiento necesario. En los últimos años se ampliaron hospitales, prestaciones y tratamientos disponibles para pacientes, pero el presupuesto sanitario no creció al mismo ritmo que esa demanda.
"El país duplicó las necesidades de salud en pocos años, pero el financiamiento no acompañó ese crecimiento", explicó la vocera del gremio. En la práctica, esto implica que los proveedores terminan financiando al sistema público, acumulando deudas que en algunos casos superan los dos años de atraso.
A esta situación se suman factores administrativos y judiciales que complejizan el escenario. Parte de la deuda corresponde a medicamentos adquiridos a través de amparos judiciales para tratamientos de alto costo, que muchas veces no cuentan con previsión presupuestaria previa. Solo en este tipo de casos se estima que el pasivo ronda los USD 130 millones, lo que complica aún más la planificación financiera del sistema.
Frente a este panorama, el sector insiste en que la discusión debe ir más allá de un pago puntual de la deuda. La principal solución, sostienen, pasa por revisar el modelo de financiamiento del sistema sanitario, aumentando el presupuesto destinado a salud y estableciendo mecanismos previsibles de pago a proveedores. Sin un esquema sostenible, advierten, el riesgo no es solo financiero: también podría afectar la continuidad de tratamientos y el acceso a medicamentos para miles de pacientes en el país.