Cuando en junio de 2004 el irlandés Conor McEnroy llegó a Paraguay, no solo adquirió un banco: iniciaba una historia de transformación. Su llegada coincidió con la compra del entonces débil Sudameris Bank, y desde entonces su vida profesional y personal quedó ligada a la tierra guaraní.
Entre sus tantas ocupaciones laborales y su vida familiar, McEnroy respondió a El Nacional, medio que lo reconoce como personaje financiero del 2025. Su pasado en instituciones europeas y estadounidenses le dio experiencia en rescatar bancos quebrados. Como él mismo recuerda: "If you hang around broken banks for long enough, eventually you will be offered one" que en castellano significa: "Si pasas mucho tiempo en bancos en quiebra, tarde o temprano te ofrecerán uno". Esa frase resume un estilo: pragmatismo, visión a largo plazo y un enfoque conservador en un mundo financiero volátil.
En 2004, Sudameris tenía un patrimonio neto modesto de unos USD 20 millones. Veinte años y múltiples decisiones estratégicas después, ese patrimonio supera los USD 500 millones. En el camino, McEnroy rechazó ofertas de compra por considerarlas subvaloradas, convencido de que "en los negocios serios, el crecimiento se logra siendo fiable y consistente, no creativo".
Para McEnroy, hay una analogía poderosa entre Paraguay y su Irlanda natal de los años setenta: una población joven, católica, agrícola, llena de contradicciones, pero con un potencial gigantesco. "Vi una oportunidad para hacer cambios significativos", ha dicho refiriéndose a su primera impresión del país.
Ese enfoque cultural y social explica por qué decide echar raíces permanentes. Su visión del país trasciende lo financiero: cree firmemente en su capacidad de desarrollo sostenible, de institucionalización y de crecimiento real.
Sudameris hoy
Bajo la presidencia de McEnroy, Sudameris dejó de ser un pequeño banco en problemas para convertirse en uno de los pilares del sistema financiero paraguayo. En 2022, con la absorción del Banco Regional, consolidó su posición de liderazgo en el mercado.
McEnroy describe su estrategia con metáforas sencillas. Según él, Paraguay necesita "cinco bancos fuertes"; hoy ya hay cuatro sillas ocupadas y "falta una". Sudameris aspira a ocupar con paciencia, prudencia y crecimiento pausado: cliente por cliente, producto por producto.
Sobre su filosofía crediticia, McEnroy es claro: "Un banco no es un inversionista. Nunca podría decirle a una abuela que no hay dinero para devolverle." No financian lujos "no financiamos viajes de placer" pero sí casas, autos o herramientas de trabajo.
Más allá de las finanzas
Pero McEnroy no piensa su labor como un fin en sí mismo. Tiene ambiciones culturales: sueña con crear un museo nacional de arte que rescate obras paraguayas del siglo XIX. "Un país sin memoria artística no tiene identidad", afirma.
También acepta que, tras décadas de carrera, su relación con el dinero cambió. "La persona más triste es la que necesita gastar para ser feliz. Prefiero el tiempo con mis amigos y mi familia", afirmó. Para él, el dinero es una herramienta, no un fin.
Conor McEnroy todavía no habla de legado como algo terminado. Más bien lo ve como una construcción permanente: de instituciones bancarias sólidas, de oportunidades reales para empresas y ciudadanos, de una identidad cultural paraguaya fortalecida.
Si algo define su paso por Paraguay es esta frase suya —ya célebre entre quienes lo conocen: "Cuando uno se dedica a levantar bancos y ya resucitó más de cincuenta, en algún momento inevitablemente le van a ofrecer uno." . Con esa mezcla de pragmatismo europeo y convicción por su país adoptivo, McEnroy sigue escribiendo una historia de éxito, no solo para Sudameris, sino para el Paraguay que él y muchos otros creen que merece crecer con seriedad, institucionalidad y corazón.
Con datos de Forbes, Euromoney y The Irish Times.