El debate sobre una posible reorientación de la política comercial de Paraguay hacia la República Popular China suele presentarse como una oportunidad para acceder a un mercado de vastas dimensiones. No obstante, un análisis más exhaustivo, como el realizado por el Centro de Estudios Económicos (CEE) de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), pone de manifiesto los importantes costos estructurales que ello acarrearía. Según dicho análisis, el contexto actual sugiere que China no constituye necesariamente un socio comercial idóneo para garantizar el desarrollo sostenible y a largo plazo del Paraguay.
Riesgos
Entre los principales riesgos identificados se encuentra el impacto negativo que esta apertura comercial, potencialmente asimétrica, podría tener sobre el tejido industrial nacional. Particularmente, sectores como el textil, químico, metalúrgico y de calzado serían severamente afectados frente a la colosal escala productiva china, sus altos niveles de subsidios estatales y su competitividad en manufacturas.
Esto podría traducirse en una intensificación de las presiones sobre la producción nacional, comprometiendo miles de empleos, especialmente aquellos ligados a actividades industriales intensivas en mano de obra. Asimismo, tal contracción productiva pondría en peligro ingresos fiscales fundamentales para el Estado, lo que limitaría la capacidad de financiar políticas sociales e inversiones en infraestructura estratégica.
El CEE enfatiza que esta decisión no debe reducirse a la elección entre diferentes socios comerciales; en su núcleo yace la definición del modelo de desarrollo que Paraguay busca consolidar. Una vinculación con China sin una estrategia clara para la industrialización y la protección de las capacidades locales podría perpetuar un modelo económico primarizado (producción de materias primas únicamente), centrado en la exportación de commodities de bajo valor agregado.
Tal camino, en una era caracterizada por el avance tecnológico sin precedentes, desestimularía la industrialización, limitaría la generación de empleo calificado y socavaría la autonomía productiva nacional, perpetuando así una peligrosa dependencia de los fluctuantes ciclos económicos internacionales basados en precios de materias primas (commodities).
Desafíos
Desde este punto de vista, el desafío no se reduce a entablar relaciones comerciales con China, sino a garantizar que estas se desarrollen bajo condiciones propicias para fomentar la transferencia tecnológica, los encadenamientos productivos y el fortalecimiento de las capacidades locales. La experiencia histórica de numerosos países en desarrollo revela que una integración pasiva en cadenas globales dominadas por economías industriales hegemónicas tiende a restringir los procesos de aprendizaje tecnológico y a debilitar tanto la base fiscal como el tejido productivo.
"Existen casos bastante ejemplares de lo mencionado en el estudio. "Países como España que lamentan seriamente una alianza asimétrica con China", indicó el ingeniero Enrique Duarte, titular de la UIP, a radio 1000.
En contraposición, los resultados del análisis realizado por el CEE sugieren priorizar el fortalecimiento interno antes que depender excesivamente del acceso a mercados extranjeros bajo condiciones desfavorables. En este sentido, la consolidación de la cooperación estratégica con Taiwán se presenta como una alternativa más alineada con un desarrollo sostenible.
Dicha cooperación incluye iniciativas como el fortalecimiento del capital humano a través de instituciones como la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, el fomento de industrias respaldadas por efectiva transferencia tecnológica y la promoción de inversiones en sectores estratégicos como las energías limpias, la tecnología, la innovación y la infraestructura.
"China tributa solo 4% en su comercio con Paraguay actualmente. Es decir, tienen mejores condiciones que las de un tratado de libre comercio prácticamente. Dato, mata relato", indicó el titular de la UIP.
Si bien existen factores geopolíticos que hacen muy reñida la contienda entre China Popular y Taiwán desde la década del 70 del siglo pasado, en que EE. UU. retomó relaciones diplomáticas y comerciales con el gigante asiático, pacto sellado con la histórica visita del presidente Nixon al imperio celeste Existen realidades, cifras, hechos, que hacen pensar en una óptica distinta, sobre todo basándose en el contexto regional.
El informe concluye que el núcleo del debate trasciende la simple elección entre China y Taiwán como socios comerciales. En realidad, lo que está en juego es una visión nacional integral y a largo plazo. Un acercamiento a China continental sin un plan estratégico debidamente estructurado podría comprometer las perspectivas futuras en términos económicos y productivos.
Por el contrario, apostar por alianzas estratégicas tecnológicas, particularmente con Taiwán, constituye una oportunidad para afianzar la soberanía económica del país y reposicionar a Paraguay como un socio enfocado en el desarrollo integral y no meramente en el suministro de materias primas. O como diría Deng Xiaoping, ideólogo de la apertura comercial china, "no importa si el gato es blanco o negro, con tal que atrape ratones".