Análisis 2025

Banco Mundial: Paraguay tiene un futuro brillante

Las mejoras en la calidad y eficiencia de las instituciones públicas, el funcionamiento de los mercados, la innovación, la educación y la infraestructura potenciarán la productividad de la economía.
Vista de la fachada principal del Palacio de Gobierno, de cara al río Paraguay. Foto: Gentileza.

Paraguay ha sido un modelo de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, al igual que en el resto de la región, el crecimiento promedio se ha moderado desde 2013, lo que ha afectado el ritmo de reducción de la pobreza.

Para acelerar el crecimiento y profundizar la disminución de la pobreza, resulta clave continuar fortaleciendo la resiliencia frente a choques externos, así como mejorar la productividad y la sostenibilidad del crecimiento económico, señala el informe del Banco Mundial.

Las mejoras en la calidad y eficiencia de las instituciones públicas, el funcionamiento de los mercados, la innovación, la educación y la infraestructura potenciarán la productividad de la economía. Asimismo, la diversificación de las exportaciones, orientada a reducir la dependencia de los recursos naturales, fortalecerá la resiliencia económica, aunque se trata de un proceso que demandará tiempo. La continuidad de políticas macroeconómicas y fiscales comprometidas con la estabilidad, la profundización del sector financiero y la implementación de políticas de mitigación de riesgos contribuirán a reforzar esa resiliencia.

Paraguay no tiene que elegir entre rentabilidad y sostenibilidad: ambas son posibles y complementarias. Una producción más sostenible generará una economía más fuerte y próspera.

Crecimiento constante

Paraguay ha experimentado un crecimiento sostenido desde principios de la década de 2000. Entre 1990 y 2002, como resultado de diversos acontecimientos políticos y económicos, el Producto Interno Bruto (PIB) creció en promedio un 1,9% anual. A partir de importantes reformas orientadas a lograr mayor estabilidad, las décadas siguientes dieron paso a una etapa de mayor prosperidad.

Entre 2002 y 2022, la economía paraguaya creció a un ritmo promedio anual del 3,6%, superando tanto el promedio de América Latina y el Caribe (ALC) como el de otros países de ingresos medianos altos (PIMA).

Como reflejo de este crecimiento sostenido, la pobreza —medida según la línea internacional de pobreza para los PIMA, de USD 6,85 diarios en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA) de 2017— se redujo a la mitad, hasta ubicarse en el 19,9% a finales de 2022.

La desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, también se redujo, pasando de 57,3 a 45,3 puntos entre 2002 y 2022. Gran parte de este progreso puede atribuirse al aprovechamiento de los recursos naturales del país.

A pesar de no tener acceso al mar, Paraguay cuenta con abundante tierra, suelos fértiles y dos grandes ríos que generan más energía hidroeléctrica de la que actualmente puede consumir, a través de represas binacionales con Argentina y Brasil.

En este contexto, Paraguay posee un elevado capital natural, que representa el 16% de su riqueza total, una proporción superior a la de países comparables (Banco Mundial, 2021a). Esta condición refleja su riqueza en cultivos y pastizales, así como en energía limpia y renovable. Actualmente, el país se encuentra entre los mayores exportadores mundiales de soja, carne y energía hidroeléctrica. En conjunto, la agricultura y la energía hidroeléctrica representan el 81% de las exportaciones directas, una proporción superior a la de sus pares estructurales y aspiracionales.

Solidez macroeconómica

Un sólido marco macrofiscal ha sustentado el crecimiento económico del país. Impulsado por mejoras institucionales en la gestión económica, Paraguay ha evitado grandes desequilibrios macroeconómicos desde principios de la década de 2000.

El Gobierno impulsó reformas tributarias y del sistema de pensiones en 2003, avanzó hacia un régimen de metas de inflación en 2004 y aprobó en 2013 la Ley de Responsabilidad Fiscal, que limita los déficits presupuestarios anuales al 1,5% del PIB y el crecimiento real del gasto corriente primario al 4% (Charotti et al., 2021).

Asimismo, el país ha mantenido un tipo de cambio único y flexible. Durante gran parte de las últimas dos décadas, Paraguay registró una inflación similar al promedio regional, un leve superávit en cuenta corriente y un déficit fiscal del Gobierno central significativamente menor al de sus pares, con un promedio de 0,1% del PIB entre 2003 y 2018.

Aunque la deuda pública aumentó de manera significativa durante la pandemia de COVID-19, al cierre de 2022 se ubicó en el 36,1% del PIB, uno de los niveles más bajos en comparación con países similares.

Fuentes

El Instituto Nacional de Estadística (INE) de Paraguay, en particular la Dirección de Estadísticas Económicas y Ambientales, desempeñó un papel fundamental en el diseño, ejecución y depuración de los datos de las encuestas utilizadas.

Asimismo, resultaron clave las discusiones mantenidas con representantes del Gobierno de Paraguay —incluidos el Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco Central del Paraguay, el Ministerio de Industria y Comercio, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, la Secretaría de Turismo, el gobierno municipal de Hernandarias y la Gobernación de Alto Paraná—, así como con actores del sector privado, quienes aportaron insumos valiosos para la elaboración del informe.