De acuerdo a los últimos reportes oficiales, la deuda pública total del Estado paraguayo asciende a unos USD 20.000 millones (incluida la última emisión de bonos soberanos), en la que, dividiendo por la cantidad de habitantes, arroja como resultado que cada paraguayo debe USD 3.200, haciendo números redondos en promedio.
Esta cifra total representa alrededor del 40% del Producto Interno Bruto (PIB), lo cual es el techo recomendado de endeudamiento por parte de analistas financieros locales y organismos financieros multilaterales.
La deuda tuvo un exponencial crecimiento desde el año 2013, en el período del expresidente Horacio Cartes, y dio un salto más significativo durante el gobierno de Mario Abdo Benítez. Esta política de endeudamiento se mantiene durante la actual administración de Santiago Peña.
Duarte Frutos endeudó al país en solo 99 millones de dólares; su sucesor, Fernando Lugo/Federico Franco, ascendió el monto a USD 1.500 millones. Por su parte, Cartes elevó significativamente la vara al cargar otros USD 3.900 millones sobre los contribuyentes. A su vez, Mario Abdo Benítez cargó USD 8.000 millones, aunque hay que subrayar los fuertes gastos que hizo el Estado en este período para paliar las catastróficas consecuencias económicas que trajo consigo el Covid-19.
El presidente Peña, en la misma línea, y para este año prevé otros títulos en los mercados internacionales por USD 600 millones.
El punto positivo es que a lo largo de cada Gobierno se mantuvo la misma política de Estado, salvo durante el Gobierno de Lugo, que reventó el presupuesto público con incrementos salariales de hasta 70%.
Lo negativo es que la población siente poco y nada esta deuda que toma el Estado, pues los servicios públicos siguen siendo de pésima calidad.