Desarrollo e infraestructura

Advierten que la industrialización del país no puede avanzar a costa de la seguridad energética

Especialistas alertan que Paraguay enfrenta el desafío de equilibrar su estrategia de industrialización con la necesidad de garantizar energía suficiente para el consumo interno. El debate cobra fuerza en momentos en que crecen las inversiones intensivas en electricidad y aumenta la demanda nacional.
Energía. IP

La política industrial paraguaya enfrenta un desafío cada vez más complejo: impulsar la llegada de nuevas inversiones y generar empleo sin comprometer la seguridad energética del país. La advertencia fue planteada por expertos del sector, quienes sostienen que el desarrollo industrial debe ir acompañado de una planificación energética de largo plazo para evitar riesgos futuros en el abastecimiento eléctrico.

El debate surge en un contexto en el que Paraguay busca aprovechar su histórica ventaja competitiva basada en la disponibilidad de energía hidroeléctrica proveniente de las binacionales Itaipú y Yacyretá. Sin embargo, especialistas señalan que la creciente demanda interna y la instalación de industrias de alto consumo energético obligan a replantear la estrategia nacional de desarrollo. La preocupación principal radica en que el crecimiento económico podría acelerar el consumo de energía a un ritmo superior al previsto.

Decretos

El ingeniero Victorio Oxilia, referente del sector energético, respaldó la decisión del Gobierno de dejar sin efecto los decretos 5.306 y 5.307, que buscaban atraer industrias electrointensivas con condiciones especiales. Advirtió, que cualquier política de industrialización debe respetar la estrategia energética nacional vigente hasta 2050, cuyo principal objetivo es garantizar el suministro seguro de energía para todo el país.

El margen de maniobra para garantizar la seguridad energética se está reduciendo, de acuerdo a lo planteado por el analista. Estudios recientes señalan que Paraguay podría enfrentar limitaciones en generación, transmisión y distribución en los próximos años si no ejecuta nuevas inversiones en infraestructura eléctrica y diversifica su matriz energética.

La discusión también coincide con la implementación de marcos regulatorios destinados a atraer proyectos industriales intensivos en energía, como las industrias convergentes y los emprendimientos denominados Power to X, orientados a la producción de combustibles sintéticos y otras soluciones tecnológicas de alto valor agregado. Estas iniciativas son vistas como oportunidades para transformar energía en empleo y exportaciones, pero también incrementan la presión sobre el sistema eléctrico nacional.

¿Qué modelo de desarrollo se pretende?

Más allá del debate coyuntural, la situación expone una discusión estratégica, como por ejemplo qué modelo de desarrollo energético pretende construir Paraguay durante las próximas décadas. Históricamente, el país basó su fortaleza en la abundancia de energía hidroeléctrica, pero la creciente demanda obliga a pensar en nuevas fuentes complementarias, inversiones en transmisión y mecanismos que permitan administrar de manera eficiente el recurso. La dependencia casi exclusiva de la hidroelectricidad también expone al sistema a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e imprevisibles.

En términos políticos, el desafío es aún mayor. El Gobierno impulsa una estrategia de industrialización para convertir la energía en motor de crecimiento económico, pero deberá compatibilizar ese objetivo con una política energética que trascienda los períodos presidenciales y funcione como una verdadera política de Estado. Expertos sostienen que la discusión ya no pasa únicamente por cuánto generar o cuánto exportar, sino por definir qué sectores tendrán prioridad en el uso de la energía disponible y cómo asegurar que el desarrollo industrial no termine comprometiendo la competitividad y la seguridad energética de las próximas generaciones.

La nueva Política Energética Nacional con horizonte al 2050 plantea precisamente el desafío de fortalecer el sector eléctrico, diversificar las fuentes de energía y garantizar la sostenibilidad del sistema frente a una demanda creciente. La capacidad del país para coordinar estos objetivos será determinante para que la energía continúe siendo una ventaja competitiva y no se convierta en un factor limitante para el desarrollo económico.