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Una paraguaya en la élite del automovilismo

Dejó Paraguay para estudiar en Italia y hoy ya trabaja en competencias del más alto nivel. Habla de los sacrificios, el aprendizaje y el largo camino que aún le queda por recorrer.

18 Julio de 2026
18 Julio de 2026
Ivana Doroskevich.
Ivana Doroskevich. Foto: gentileza.

La primera vez que Ivana Doroskevich entendió que quería formar parte del mundo del automovilismo no hubo una fecha marcada en el calendario ni una escena puntual que cambiara todo. Fue algo que ocurrió de manera gradual, casi inevitable: creció entre motores, carreras y conversaciones sobre autos. "Creo que no hubo un momento puntual. Crecí rodeada de carreras gracias a mi papá y, con el tiempo, entendí que no sólo me apasionaba el deporte, sino todo el trabajo técnico que hay detrás de cada auto", cuenta Ivana en una entrevista para El Nacional.

Esa diferencia es la que explica su camino. Ivana no soñó sólo con estar cerca de una pista; quiso entender qué ocurre detrás de ella. Qué decisiones hacen que un auto sea más rápido, cómo los datos pueden transformar una carrera, cómo cientos de personas pueden trabajar durante meses para encontrar una pequeña ventaja. En ese recorrido, su familia tuvo un papel fundamental. "Mi papá me acercó al automovilismo desde muy chica y mi mamá siempre estuvo acompañándome en cada decisión, incluso cuando significó irme a vivir a otro continente", agradece.

De su padre recibió además una enseñanza que la acompaña hasta hoy: la importancia de la perseverancia. "Me hizo entender que los errores no son algo negativo, sino una oportunidad para aprender, mejorar y volver a intentarlo con más experiencia", valora la oriunda de Ciudad del Este.

Con esa idea llegó a Italia, un país donde el automovilismo no es sólo un deporte, sino parte de una cultura industrial. Allí comenzó su formación en la Facultad de Ingeniería Enzo Ferrari de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, un lugar donde la teoría convive con la práctica.

El cambio no fue sencillo. "Venir sola a estudiar significó aprender a resolver todo por mi cuenta y adaptarme a otra cultura, otro idioma y otra forma de estudiar", recuerda. Pero esa dificultad también se convirtió en una oportunidad. Uno de los momentos que más transformó su manera de entender la ingeniería fue su participación en el equipo de Formula Student de su universidad. "Ahí entendí que la ingeniería no es sólo teoría: es trabajar en equipo, resolver problemas bajo presión y tomar decisiones que impactan directamente en el rendimiento del auto", afirma.

Ese aprendizaje la llevó a escenarios que pocos paraguayos han podido conocer. Como comisaria técnica participó en competencias internacionales, verificando que los vehículos cumplieran con los reglamentos técnicos y de seguridad. Entre esas experiencias estuvo el Rally de Monte-Carlo y, posteriormente, la Fórmula 1. Cuando recibió la confirmación de que trabajaría en el Gran Premio de Mónaco, la emoción fue difícil de describir. "Fue una mezcla de emoción e incredulidad. Sabía lo difícil que era llegar a un evento de ese nivel, así que recibir esa confirmación fue uno de los momentos más felices de mi carrera", revela. Y no es para menos. En Mónaco vivió uno de esos recuerdos que quedan asociados para siempre con una profesión. "Estar dentro del box de Ferrari, viendo el nivel de organización, la concentración del equipo y la precisión con la que cada persona hace su trabajo, es impresionante. Cada pequeño detalle puede marcar la diferencia".

La experiencia también le permitió comparar dos mundos del automovilismo de élite: "En el rally todo cambia constantemente porque cada tramo es diferente y las condiciones son muy variables. En la Fórmula 1 todo está mucho más controlado y cada detalle está optimizado al máximo".

Aunque desde afuera muchas veces la Fórmula 1 parece un universo de pilotos y velocidad, Ivana sabe que detrás de cada resultado existe una enorme estructura de ingeniería. "Hay ingenieros de estrategia, de rendimiento, de datos, de aerodinámica, de suspensiones, de electrónica y muchas especialidades más. Todos trabajan con un objetivo común: lograr que el auto sea un poco más rápido", responde ante la pregunta sobre el trabajo de un ingeniero dentro de un equipo.

Su objetivo está justamente allí: en el desarrollo y el análisis. Si algún equipo de la F1 la llamara mañana, no elegiría sólo por el nombre de la escudería: "Elegiría un proyecto donde pueda aprender, crecer y aportar. Mi objetivo es trabajar en el área de rendimiento y análisis de datos".

El camino tampoco estuvo libre de dificultades. Uno de los mayores desafíos fue adaptarse a una nueva vida lejos de Paraguay. También hubo momentos en los que las cosas no salieron como esperaba. "Hubo oportunidades que no salieron como esperaba y exámenes que no aprobé en el primer intento. En ese momento parecen fracasos, pero con el tiempo entendés que forman parte del camino y que te obligan a mejorar", reflexiona quien hoy ve cómo todo esfuerzo da su fruto.

En un ambiente donde históricamente hubo mayor presencia masculina, Ivana reconoce que el desafío existe, aunque su experiencia ha sido positiva: "Nunca sentí que me cerraran una puerta por ser mujer, pero sí creo que, en un ambiente históricamente masculino, muchas veces una siente la necesidad de demostrar constantemente que está preparada". Y vaya si lo ha demostrado.

Cada paso que da fuera del país también tiene una dimensión especial: representa a Paraguay. "Es un orgullo enorme. Cada vez que trabajo en un evento internacional siento que también estoy representando a mi país y espero abrir camino para que más paraguayos lleguen a estos lugares".

Por eso considera que el próximo desafío no es sólo personal. Cree que Paraguay tiene talento, pero necesita más oportunidades: proyectos de ingeniería aplicada al automovilismo, vínculos con universidades extranjeras y espacios donde los jóvenes puedan adquirir experiencia práctica.

Dentro de 10 años se imagina "trabajando como ingeniera en el automovilismo internacional, formando parte de un equipo de primer nivel y continuando con el aprendizaje todos los días".

El sacrificio más grande fue la distancia. "Estar lejos de mi familia, perderme cumpleaños, reuniones y momentos importantes no es fácil, pero entendí que perseguir un sueño implica eso".

Cuando mira hacia atrás, piensa en aquella adolescente que aún no sabía hasta dónde podía llegar. A esa Ivana le diría algo simple: "Que no tenga miedo de salir de su zona de confort. Muchas de las mejores oportunidades llegan cuando uno se anima a hacer cosas que parecen imposibles".

El sueño de llegar a la Fórmula 1 todavía no terminó de escribirse. Pero Ivana ya recorrió una parte del camino que parecía imposible: una paraguaya aprendiendo, trabajando y ganando experiencia en el corazón del automovilismo mundial. Y si algún día un equipo de la máxima categoría incorpora a una ingeniera paraguaya, esa historia no empezará en un paddock europeo, sino muchos años antes, entre los motores que despertaron la curiosidad de una niña en Paraguay.

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