Un talento de los 90 que vivió la gloria y el sacrificio en Olimpia
Al hablar de grandes figuras que defendieron con orgullo los colores del Olimpia, muchos nombres brillan con intensidad, otros quizá pasaron más desapercibidos, pero todos dejaron su huella en la institución. En esta entrega de El Nacional, recordamos la historia de Ariel Osmar Castillo, un talentoso volante de la gran camada de la década de los 90.
En charla con nuestro medio, Castillo nos contó cómo fueron sus primeros pasos en el fútbol.
"Nací un 21 de junio de 1975 en la Cruz Roja paraguaya y soy chacariteño", dice con orgullo de su barrio nuestro crack.
Infancia en la "canchita"
Sus recuerdos de infancia están llenos de fútbol en cada rincón.
"Todos los días jugaba en el Parque Caballero con los amiguitos, partido so'o. Un día, un técnico de las inferiores del Olimpia trajo a un niño a practicar con nosotros y me vio jugar. Por lo visto le gustó mi forma de jugar, porque me invitó a entrenar con ellos y viajamos a un torneo en Bahía Blanca, Argentina. Después de eso, no me fui más. Finalmente, me incorporaron a la infantil del Olimpia".
Tras un par de años en la categoría infantil, Castillo fue subiendo hasta llegar a la reserva, comenzando su camino en la cantera franjeada en 1991.
"Llegué a Olimpia y jugaba con grandes figuras que sólo miraba por la tele. No dimensioné en su momento dónde estaba realmente, pero fue un comienzo lleno de alegría".
Forjado en la cantera franjeada
Recuerda a sus compañeros de esas divisiones menores como Soldadito Benítez, Alberto Areco, Ricardo Gómez, José Mendieta, entre otros.
"Era muy difícil entrar al Olimpia por aquellos tiempos. Hay que ser fuerte para jugar ahí", señala, recordando cómo imponían respeto a los nuevos: "Cuando llegaba alguien bueno para jugar, en el vestuario le hacíamos sentir lo que era estar allí. Entre tres comandábamos el grupo: los desafiábamos, les pateábamos un poco, era para probar si iban a aguantar la presión. Uno puede ser habilidoso y talentoso, pero si es débil anímicamente, no puede estar en Olimpia".
El salto a Primera
Castillo recuerda cómo, sin darse cuenta, ya compartía vestuario con Gabriel González, Silvio Suárez, Adriano Samaniego y otros jugadores de selección.
"Raúl Vicente Amarilla me hizo debutar en primera, pero era difícil porque en mi puesto estaban jugadores como Adolfo Jara, Luis Monzón y Vidal Sanabria. Ser titular era un desafío".
Grito de campeón
En las divisiones menores, Ariel ganó numerosos campeonatos, y en 1997 alcanzó la gloria con la primera división.
Formó parte del plantel de 1998 para la Copa Libertadores, justo en su mejor momento deportivo.
El golpe más duro
Pero la historia también tuvo un revés. Castillo fue suspendido por 1 año por supuesto doble fichaje, algo que él asegura nunca entendió del todo. "Lloraba porque no podía jugar. Otra hubiera sido mi historia si no me sucedían esas cosas".
Tiempo después, se aclaró el malentendido, y Castillo continuó su carrera en Chile, defendiendo al Puerto Montt FC, donde se destacó por su juego.
De regreso en Paraguay, pasó por clubes como 12 de Octubre de Itauguá, Resistencia, Cerro Corá, Sportivo Trinidense, Silvio Pettirossi y finalmente el Oriental de Chacarita, su barrio.
De vuelta al barrio
Hoy, Ariel Osmar Castillo es director técnico y sigue residiendo orgullosamente en la Chacarita, el lugar que lo vio nacer y soñar.
Desde allí, transmite su experiencia y su pasión a las nuevas generaciones que persiguen la misma pelota que un día lo llevó a vestir la camiseta más pesada del país.