Paraguay llegó a Estados Unidos cargando valijas, ilusiones y una preocupación que no entraba en ningún equipaje: el estado físico de Julio Enciso. Desde que el viernes por la noche abandonó el campo en camilla, con lágrimas que parecían anunciar algo peor, la pregunta se repitió en miles de conversaciones: ¿llega? Por eso, en el Spartan Soccer Complex de California, a unos 550 kilómetros de Los Ángeles, la primera práctica albirroja tuvo un protagonista indiscutible.
Enciso apareció con una pelota bajo el brazo y el médico de la Selección, Osvaldo Insfrán, a su lado. El entrenamiento de este domingo fue abierto a la prensa. Y los periodistas observaron algo tranquilizador: no había renguera, no había gestos de dolor, no había señales visibles de aquel drama que había congelado a Paraguay durante unos minutos en el Defensores del Chaco.
Después llegó algo todavía mejor que la caminata. El delantero empezó a trotar, con la pelota en los pies. La mejoría no es sólo visual. También aparece en los estudios médicos. Si el primer diagnóstico había dejado más preguntas que certezas, las evaluaciones complementarias mostraron una evolución favorable de la lesión en el muslo derecho. Lo suficiente para que el optimismo vuelva a instalarse, aunque todavía acompañado de prudencia. Sin apresuramientos.
La Asociación Paraguaya de Fútbol incluso incorporó a un especialista en ecografía para seguir de cerca cada avance. Nadie quiere correr riesgos por una recuperación mal administrada.