Haití volvió a un Mundial después de 50 años, y no fue con fuegos artificiales ni con un gol agónico en tiempo agregado: fue mirando un celular, a la intemperie, como quien mira si le contestó el mensaje la persona que le rompió el corazón. Los Grenadiers vencieron 2-0 a Nicaragua en Willemstad, Curazao, por la última fecha del Grupo C, y lo demás ya no dependía de ellos. Louicius Deedson madrugó a los 9 minutos, Ruben Providence firmó el segundo poco antes del descanso, y el equipo del francés Sébastien Migné hizo lo que debía: ganar. Quedaba rezar.
Y rezaron. Porque Haití ya había estado en un Mundial, sí, pero en 1974, cuando los televisores eran cuadrados, y Alemania todavía venía con apellido Federal. Desde entonces, la selección haitiana fue una metáfora de su propio país: siempre cerca de la tormenta, siempre con la ilusión del sol. Esta vez terminaron como primeros del grupo, con 11 puntos, por encima de Honduras (9) y Costa Rica (7), dos selecciones con currículum europeo y títulos en letra dorada. Haití, en cambio, llegó con lo puesto y salió con una invitación a la fiesta más grande del fútbol.
El desenlace tuvo una sutileza. Mientras en San José los ticos y los hondureños se peleaban por arruinarle o regalarle el sueño a Haití, los jugadores caribeños esperaban en la cancha, rodeados, mirando el final del partido en una pantalla del tamaño de una billetera. Nada de VAR en 4K ni palcos climatizados: un streaming con señal inestable y un país sosteniendo el Wi-Fi con la fuerza de la fe. Cuando el árbitro decidió dejar el marcador en un aburrido 0-0, los haitianos explotaron como si acabaran de ganarle una final a Brasil. No habían clasificado ellos: los había clasificado un empate ajeno. Pero así son los regresos importantes: nunca dependen sólo de uno.
Con este milagro, Haití se suma a Panamá y Curazao, también clasificados de manera directa en la última fecha. Jamaica y Surinam deberán sufrir un capítulo más: la repesca intercontinental. Estados Unidos, Canadá y México organizan la Copa del Mundo del 11 de junio al 19 de julio, pero esta vez no será sólo el Mundial de los estadios gigantes y los himnos retumbando. También será el de ese equipo que volvió después de medio siglo, mirando un celular, con el corazón en la mano.