Roger Federer siente que la hierba se acerca, que la gira sobre césped es cuestión de días para desembocar en Wimbledon a partir del 28 de junio. Pero no quiere despedirse de Roland Garros saliendo por la puerta de atrás en plena madrugada y sin testigos, pues hay toque de queda desde las nueve de la noche por la pandemia.
A sus 39 años, octavo del mundo, enseña la ilusión que explica una trayectoria tan longeva que se resiste a coquetear con la retirada tras una doble operación en la rodilla derecha paralela a la sacudida mundial provocada por el Covid-19.
Llegó a París con una victoria en tres partidos. Ha superado la primera semana de competición y se ha metido en los octavos de final sin un alma en la grada, en una húmeda noche. Ganó a un rival duro de roer, el zurdo alemán Dominik Koepfer, 29 años y 59º ATP. Federer concluyó su clasificación acercándose a la una de la madrugada, por 7-6 (7-5), 6-7 (3-7), 7-6 (4) y 7-5 en tres horas y 35 minutos.
Atisba complicaciones porque en octavos tendrá como rival a uno de los tres italianos que han batido el récord de presencias del tenis de su país en un Grand Slam masculino profesional: Matteo Berrettini, 25 años y número 9 del ranking mundial. Al fondo, en cuartos de final, se erige la figura de Novak Djokovic.
Pero Federer ya tiene esos minutos que necesitaba para apuntalar su forma física y su tenis. Está en el trampolín que le impulsa a Halle primero y al All England Club de Londres después, donde explotará con más soltura un juego de desgaste controlado y mucha genialidad, que convierte muchas veces los riesgos tomados en pura magia con la raqueta. Continúa en París, que es mucho de donde viene.
Fuente: mundodeportivo.com.