Paraguay protagonizó una de las grandes sorpresas del Mundial 2026: eliminó a Alemania, selección tetracampeona del mundo, en los dieciseisavos de final tras una dramática definición por penales. Más allá del impacto deportivo, la jornada quedó marcada por el emotivo discurso del seleccionador Gustavo Alfaro, quien reivindicó el origen y la identidad de sus futbolistas.
En la conferencia de prensa posterior al histórico triunfo, el argentino recordó la charla previa al encuentro y puso el foco en el recorrido de sus jugadores. "Les decía que los que teníamos enfrente, con todo respeto, están formados en academias de primer nivel en Europa; nosotros venimos de la tierra colorada", señaló, subrayando las diferencias de formación entre ambos.
El DT profundizó en esa idea al describir el contexto que atraviesa el fútbol paraguayo desde sus bases. "La camiseta que tenemos son las franjas de la tierra colorada. Jugando descalzos en esa tierra, con el sacrificio de los padres llevando a los chicos para que puedan entrenar. Los padres se hacen cargo de muchas cosas porque no les alcanza la plata para llegar a fin de mes y buscan que sus chicos puedan cumplir sus sueños. Quién no quisiera eso como padre. Haciendo sacrificios, teniendo postergaciones, teniendo privaciones, en silencio, mascullando... Nosotros venimos de esos lugares. Y es el escenario ideal. Esto no quiere decir que nosotros ganamos porque venimos de la tierra colorada y ellos perdieron por eso, para nada", expresó con mucho orgullo.
Asimismo, reconoció las desigualdades estructurales entre selecciones, aunque dejó en claro que no las utilizó como excusa ni como explicación del resultado. "Ojalá pudiéramos tener los avances que tienen ellos. Por algo tienen cuatro estrellas. Pero no reniego de mis orígenes porque es lo que nos define como selección. Ahí es donde termina estando la clave de todo", destacó.
Por último, visiblemente emocionado, definió la clasificación como una muestra de carácter colectivo: "Es una demostración absoluta de amor propio y convencimiento. Esa mezcla de sangre y utopía que nos dio la posibilidad de hacer realidad lo que parecía o amenazaba como imposible. Sin lugar a dudas, fue la victoria más grande de mi carrera como entrenador", concluyó.