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El día que Olimpia puso al mundo de rodillas

Tras romper la hegemonía continental con la Libertadores de 1979, Olimpia cerró su obra maestra al conquistar la Intercontinental ante el Malmö.

2 Marzo de 2026
2 Marzo de 2026
El día que Olimpia puso al mundo de rodillas
Foto: conmebol.com.

El 2 de marzo de 1980 amaneció distinto en el barrio Mariscal López. No era un día más en el calendario ni una revancha futbolera. Apenas unas horas después del Día de los Héroes, el Decano del fútbol paraguayo estaba a 90 minutos de escribir la página más gloriosa de su historia.

En el Defensores del Chaco no cabía un alma. La ansiedad flotaba en el aire. Enfrente estaba el Malmö; detrás, un país entero empujando. Cuando el árbitro pitó el final y el marcador quedó en 2-1, el estadio estalló. Olimpia era campeón de la Copa Intercontinental. Campeón del mundo.

No fue una casualidad del destino que la gloria llegara en esas fechas tan cargadas de simbolismo. Aquel equipo tenía nombres que todavía hoy suenan a epopeya: Éver Hugo Almeida, Alicio Solalinde, Luis Torres, Carlos Kiese, Hugo Ricardo Talavera, Evaristo Isasi... Héroes de pantalón corto que le dieron al Paraguay la conquista internacional más grande a nivel de clubes.

Todo había comenzado un año antes, cuando Luis Cubilla aterrizó en Para Uno con una promesa que rozaba la osadía. Ni bien fue presentado, le dijo a Osvaldo Domínguez Dibb que venía para ser campeón de la Copa Libertadores. Parecía un exceso de optimismo: romper la hegemonía de brasileños, argentinos y uruguayos era casi una quimera. Pero Olimpia se plantó, fue creciendo en convicción y terminó consagrándose en la mismísima Bombonera, derrotando al entonces bicampeón Boca Juniors. El sueño comenzaba a tomar forma. Iba creciendo a pasos agigantados.

Domínguez Dibb quería más. Soñaba con ver al Olimpia en la cima del mundo. Sin embargo, la Copa Intercontinental estaba rodeada de incertidumbre. Ya había ediciones que no se jugaron, y el temor europeo al fuerte juego sudamericano seguía latente desde la recordada lesión de Johan Cruyff en 1972. El Nottingham Forest, campeón europeo de 1979, dijo que no. Demasiado riesgo, demasiada distancia. Pero el presidente franjeado no se resignó. Golpeó puertas, insistió ante la FIFA y logró que el subcampeón de Europa aceptara el desafío. El Malmö tomó la posta.

La serie comenzó en Suecia, donde Olimpia dio el primer golpe con un 1-0 gracias al tanto de Evaristo Isasi. Para la revancha, ya no estaba Luis Cubilla: había partido a Newell's Old Boys. En el banco asumió su hermano, Pedro. El destino, caprichoso, quiso que el desenlace fuera en Asunción. Solalinde y Miguel Michelagnoli marcaron los goles de una victoria 2-1 que selló la consagración. Fue la última final Intercontinental disputada a ida y vuelta. Historia pura.

Cuando el pitazo final retumbó en Sajonia, la ciudad entera se volcó a las calles. Asunción fue una sola bandera, un solo grito, una sola celebración. Aquella noche no ganó sólo un club: ganó el fútbol paraguayo. Y desde entonces, Olimpia dejó de ser únicamente el Decano. Se convirtió en el Rey de Copas guaraní, el club que una vez puso al mundo bajo sus pies. El más grande del país.

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