Corría el minuto 22. Alejandro Silva tomó el balón en tres cuartos de cancha tras un pase de primera de Wilson Pittoni. Fue dejando rivales en el camino y avanzó hasta la medialuna. Ahí le quedó el remate para la zurda. Jamás importó. Le pegó como Messi y, para mayor espectacularidad, la pelota besó el palo izquierdo del arquero Víctor y se metió dentro de la portería. Esa jugada imborrable fue la que sacudió al Defensores del Chaco, estadio en el que Olimpia y el Atlético Mineiro disputaron la final de ida de la Copa Libertadores 2013. Un 17 de julio.
El de Silva fue el primer tanto. Después cayó el de Pittoni. En la última jugada del partido. Tercer minuto de los tres de adición. Ahí estaba el petizo, al borde de la medialuna. Junto a él, Herminio Miranda. Si bien Miranda también sabía de tiro libres (en esa Copa hizo un golazo a Tigre), nadie le quitaba éste a Wilson Omar. Y vaya que fue una sabia decisión. Acarició el esférico con la cara interna de ese pie derecho de terciopelo. También tocó el palo, pero el de arriba. El gigante Víctor no pudo con toda su estatura. El Ronaldinho de esa noche fue el oriundo de San Antonio.
17 de julio también es la fecha en la que Olimpia alcanzó su sexta final de Copa Libertadores tras eliminar a Grêmio en el mismísimo Olímpico de Porto Alegre. Y este jueves recordarán algo más...
La fecha en que arriba Ramón Ángel Díaz para asumir la dirección técnica. ¿Buenos augurios?