En una habitación donde el tiempo parece medirse en nudos y colores, el sonido del telar no se detiene. Allí, entre ovillos de rojo y blanco, una artesana paraguaya sostiene una rutina que roza lo inhumano: jornadas que llegan a estirarse hasta 18 horas frente a la misma tarea, repitiendo un gesto milenario que hoy viste una ilusión nacional. Su nombre es Rosa Segovia, creadora de los ponchos con los que la Selección Paraguaya presentó este lunes a sus jugadores para el Mundial.
El poncho albirrojo no nació de una fábrica ni de una línea de producción. Nació del pulso paciente de manos que conocen el oficio como si fuera una lengua heredada. Cada hilo tenso, cada pasada precisa, es parte de una construcción que exige tanto del cuerpo como de la mente. Por tal razón, el precio de G. 5 millones. "El 50 % es el costo de los hilos, porque son importados de Perú. El trabajo en sí debería costar G. 10 millones, pero quién me compra así los ponchos. (5 millones) es el precio justo. Con el bordado, es otro precio", explicó Rosa en una entrevista para la 95.5 FM.
Lo que en otro contexto sería sólo una prenda artesanal, aquí se volvió un emblema. El poncho cruzó fronteras de lo cultural para instalarse en el fervor futbolero. Una artesanía fue declarada patrimonio cultural inmaterial por la Unesco el 5 de diciembre de 2023.