Ambos libros son, en sí mismos, una excentricidad, un grato paseo fuera del centro que expresa la necesidad de habitar el mundo de otra manera. Se trata de una excentricidad amorosa, una desviación del centro para descubrir personas hacedoras de espacios singulares que han hecho de sus viviendas verdaderos manifiestos.
En la geografía del libro, Paraguay ocupa un lugar central y emotivo: la potencia de la tradición reinventada, la convivencia entre lo ancestral y lo contemporáneo, y una relación intensa, a veces espiritual, con los materiales, la naturaleza y la memoria. Cada una de las casas retratadas se convierte en una declaración de principios, pero también en un testimonio sensible de una historia personal.
En tiempos dominados por la lógica de la estandarización estética y la homogeneidad impuesta por redes sociales, este libro no es —como bien advierte un diseñador mendocino citado por las autoras— un volumen de "deco". Es un atlas íntimo, una cartografía de sitios irreplicables: una celebración del habitar como experiencia profundamente subjetiva. Esta antología discursivo-visual presenta retratos de casas vividas como obras abiertas, laboratorios emocionales, autobiografías espaciales. Lo que une a sus excéntricos habitantes no es un estilo, sino una decisión: vivir con sentido.
"Los excéntricos", Paraguay
Hugo Cataldo Barudi, artista visual, convirtió una casa heredada en barrio San Roque de Asunción en un universo en constante metamorfosis. Tras casi una década en Europa, volvió a Paraguay para transformar ese espacio familiar en un taller, una galería —Fuga Centro— y un hogar donde el arte, el hallazgo casual y la provocación estética son rutina.


Caja de Tierra es el estudio en Asunción de los arquitectos Viviana Pozzoli y Horacio Cherniavsky, dupla que lidera Equipo de Arquitectura. Su pequeña estructura de tierra compactada, vidrio reciclado y madera de encofrado es un manifiesto sobre el uso responsable de los recursos y la integración con el entorno natural. Allí conviven con colegas, mascotas y libros: una comunidad creativa que vive la arquitectura como un ejercicio colectivo y radicalmente situado.


En otra zona de Asunción, Bettina Brizuela ha hecho de su chalet en barrio Vista Alegre un santuario doméstico donde conviven seis perros, cinco gatos y una colección tan ecléctica como personalísima de obras de arte, vajilla heredada, porcelanas y recuerdos de infancia. Artista visual, curadora y directora de galería, Bettina interviene su casa como si fuera una instalación permanente.


En el barrio de Tuyucuá, el abogado e industrial Luis Duclos ha creado un loft sofisticado y sobrio dentro del predio de Textilia, una histórica fábrica textil familiar. Entre retratos de antepasados, muebles diseñados a medida y libros que provienen de generaciones anteriores, su manera de habitar remite a la contención, al orden, a la memoria de los oficios, pero también al deseo de vivir en el mismo galpón donde alguna vez, muy joven, clasificó algodón, en su primer trabajo.


En Luque, Claudia Casarino, reconocida artista con sólida proyección internacional, ha compuesto un espacio doméstico que es a la vez taller, archivo y territorio personal. Libros, esculturas, antigüedades, objetos encontrados y obras de otros artistas se entrelazan en una narrativa en movimiento. Los rincones dialogan, las superficies están cargadas de memoria y los objetos actúan como testigos de una vida en constante exploración.


También en Luque, Javier Corvalán, arquitecto, despliega una mirada ética sobre los materiales y el tiempo. Nada en su casa es nuevo: cada mueble, cada tabla de madera, cada estante, fue recuperado, recolectado, ensamblado con paciencia. Su biblioteca, construida con restos del Pabellón de Paraguay en la Bienal de Arquitectura de Venecia, es una metáfora de su filosofía. Habita una casa austera y luminosa, incrustada en el terreno como un refugio.


En Mariano Roque Alonso, la casa del arquitecto José Cubilla (Joseto), inicialmente pensada para otros, fue resignificada por él como un laboratorio de sensibilidad climática y compromiso con los materiales locales. En medio de un bosque de lapachos y jacarandás, la vivienda combina ladrillo, piedra y madera con estrategias de sombra, ventilación y claroscuro. "El edificio se mete en ese bosque y, más que la casa en el bosque, es el bosque en la casa", dice.


En San Bernardino, el arquitecto Juanjo Ardissone y Eliana Rodríguez Alcalá encontraron en una casona de los años setenta su refugio familiar. Restaurada con cuidado y respeto por su historia, la casa combina arte, muebles heredados, objetos de infancia y artesanías paraguayas. Es un elogio a la vida barrial, al diálogo con el entorno, al contacto con la calle y con el lago Ypacaraí. "Si algún día la seguridad nos obliga a levantar murallas, dejaremos de vivir aquí", dicen.


En todas las casas hay un hilo común: el tiempo. Un tiempo que no obedece a las lógicas del mercado, ni a las modas, ni a los dictámenes de redes sociales. Un tiempo vivido, demorado, encarnado en decisiones que priorizan la memoria, la funcionalidad emocional, la intuición. Y en ese sentido, Los excéntricos no es solo un libro: es una invitación a pensar el hábitat como una forma de poética existencial.
Con una estructura inesperada y un lenguaje coloquial que incluye descripciones, anécdotas y relatos personales, Los excéntricos es un acto editorial de curaduría afectiva donde se cruzan lo micropolítico y lo estético. Los textos son de Mariana Rapoport y las magníficas fotos, de Victoria Schiopetto.
Nota de edición: Mariana Rapoport & Victoria Schiopetto, Los excéntricos. Mundos con magia y locura, vol. 2, 296 páginas. El libro será presentado el próximo jueves 29 de mayo a las 19:00 horas en Textilia, Asunción.