El director del Trauma rememoró sus tiempos como canillita y se ganó admiración de muchos

El director del Trauma rememoró sus tiempos como canillita y se ganó admiración de muchos

El doctor Agustín Saldívar, director del Hospital del Trauma, se ganó muchos seguidores en sus redes sociales luego de darse a conocer su conmovedora historia a través de El Nacional. Varios se sintieron identificados al leer la memoria de aquel niño que, lejos de vestir una bata blanca, llevaba el uniforme diario del sacrificio de sol a sol, de sudor en la frente, y cargaba a cuestas una mochila llena de ilusiones. El canillita que ayer fue ya no está en los pasillos de los hospitales ofreciendo sus ejemplares. Más bien, con todo el esfuerzo humano, profesionalismo y la fe puesta en Dios, está regalando nuevas oportunidades de vida.

Con periódicos bajo el brazo y una mochila cargada de sueños, así es cómo recuerda su infancia el doctor Agustín Saldívar, quien se desempeñaba como canillita frente al antiguo Hospital de Clínicas ubicado en Sajonia. El médico, en entrevista con El Nacional, se remontó a los años en los que la pérdida repentina de su mamá le mostró la parte más dura de la vida, cuando se vio obligado a salir a buscar el pan de cada día. Saldívar sabía que el estudio sería su única herramienta para salir adelante, pero nunca se hubiera imaginado que sus deseos de progresar lo llevarían a ser médico y, mucho menos, director de un hospital.

Años de trayectoria y un impecable antecedente laboral lo llevaron a ser uno de los médicos más reconocidos dentro del área de la cirugía vascular a nivel país. El actual director del Hospital del Trauma recuerda que, cuando tenía solamente 9 años, su madre había fallecido a los 35 años de edad. Las cosas dieron un giro de 180 grados en su vida, se separó de sus hermanos y le tocó salir a trabajar.

“Éramos 4 hermanos, una familia numerosa, y mis padres no tenían fortaleza económica. Cuando mi mamá fallece, mi papá nos distribuyó a nosotros en varias casas de parientes y, en ese tiempo, yo recuerdo que llegué a vivir en la casa de mi abuelo, hasta que mi papá se juntó nuevamente y la nueva mamá política nos reunió a todos de vuelta”, relató.

“La iniciativa de vender diarios a los 9 años fue mía, porque realmente, con un papá músico, yo veía que en ese momento las necesidades estaban servidas”, comentó al tiempo de mencionar que vivían en el barrio Villa Aurelia.

“Yo me levantaba a las 6 de la mañana, retiraba el periódico y distribuía a mis clientes fijos. Después me iba a vender frente al antiguo Hospital de Clínicas”, relató. Fue luego, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), donde realizó el cursillo y logró su sueño de convertirse en médico.

“Cuando era canillita, recuerdo que habilité una caja de ahorro, y eso permitió sostener mis estudios hasta el segundo o tercer curso”, recordó.

Eran los mismos médicos que le compraban el diario frente al nosocomio quienes después fueron sus profesores. “Tenía mis clientes dentro del hospital, colegas médicos, médicos que hoy en día ya no están. Por ejemplo, mi cliente llegó a ser el decano de aquel entonces, el doctor Olmedo”, expresó.

“Yo creo que el sueño de aquel niño que llevaba los periódicos bajo el brazo se superó completamente. De vender diarios frente al Hospital de Clínicas, pasé a ser médico con ese guardapolvo blanco. Lograr eso, para mí, fue muy grande”, relató.“En 1981, ingresé en los primeros lugares y terminé también de la misma forma. Estaba dentro de un grupo de elite de compañeros, donde nuestra competencia era quién quitaba más cincos. Fui residente de la segunda cátedra de cirugía (del Hospital de Clínicas), fui alumno de verdaderas eminencias del Paraguay, y después fui promovido a terminar la especialidad (cirugía vascular) en Francia (París)”, continuó.

Eran tres amigos vendedores que lograron ser médicos

En otro momento, Saldívar recordó a otros amigos vendedores que soñaban con él un día vestirse de bata blanca como los médicos. Agustín no ingresó solo. Tanto sus amigos como él cumplieron el deseo que tanto anhelaban en su corazón. “Con dos amigos, también vendedores, ingresamos y fuimos compañeros de facultad”, relató.

“Óscar Gutiérrez es pediatra y ejerce en Villarrica. Es de mi promoción. Su abuela vendía caramelos ahí (frente al hospital) y él la ayudaba. El otro es Pedro Benítez. Es un imageniólogo y tiene un centro de imágenes en Alto Paraná. Pedro terminó un poquito después porque se retrasó un poco”, continuó.

El doctor Saldívar estuvo en el Hospital Nacional de Itauguá en sus comienzos como médico. Formó el servicio de cirugía vascular con otros colegas. Allí, además, fue director del 2003 al 2005 y participó de la intervención quirúrgica donde se produjo la separación del único siamés que logró sobrevivir en el país. Uno de ellos había fallecido. “Fue un hecho histórico”, recordó.

Actualmente, es profesor y médico doctor en la Facultad de Medicina de la UNA. Es jefe del departamento del trasplante de órganos del Hospital de Clínicas y director del Hospital de Trauma. Es formador de miles de médicos. “Me tocó formar médicos de trasplantes renales, ablaciones, así como también en la cirugía vascular en el programa académico de la Universidad Nacional que lleva adelante el servicio de cirugía vascular en el Hospital Nacional de Itauguá y la residencia en el Hospital de Clínicas”, explicó.

Se desempeña como médico de planta del servicio de cirugía vascular del Hospital de IPS. “Todo estudiante de medicina sabe que va a entregar a la vida las 24 horas, menos el tiempo que necesita descansar”, dijo.

Conoció el amor en los pasillos del Hospital de Clínicas

Saldívar conoció el amor en los pasillos del Hospital de Clínicas. “Yo estoy casado con la señora Verónica Vázquez, licenciada en enfermería, a punto de jubilarse dentro de la subjefatura del departamento del Hospital de Clínicas. Le conocí entre los pasillos y los guardapolvos blancos. Ella marcó mi vida, yo le debo mucho porque supo sobrellevar conmigo esta profesión”, explicó.Con su esposa, tuvo 5 hijos. Una de ellas se desempeña como pediatra en el Hospital Nacional de Itauguá. Otro está terminando la carrera. Tiene un veterinario y un odontólogo, mientras que la última todavía es menor de edad.

Para terminar, Saldívar se reconoció como una persona entregada al servicio y a Dios. Relató que le dedica un tiempo al día a la oración por sus pacientes y cree que una de las cosas que le sostiene es la fe.