Un día como hoy, hace 107 años, nacía Julio Cortázar en Ixelles, Bélgica. Su padre, diplomático de carrera, vivía en Bruselas, ocupada entonces por los alemanes. En 1918, tras la Primera Guerra Mundial, su familia regresó a la Argentina, donde Julio inició su educación. Se graduó como maestro normalista.
“Mi nacimiento fue producto del turismo y la diplomacia”, escribió alguna vez, en una carta fechada en 1963. “Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo volver a la Argentina. Hablaba sobre todo francés, y de él me quedó la manera de pronunciar la 'r', que nunca pude quitarme. Crecí en Banfield, un pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con un gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso. Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un recuerdo feliz de mi infancia; demasiadas servidumbres, una sensibilidad excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores desesperados”.
Cortázar empezó a escribir bajo el seudónimo de Julio Denis -señala El Economista-. Así publicó Presencia, un libro de sonetos donde mostró la influencia que poetas como Stephane Mallarmé habían ejercido sobre él. De 1944 a 1945, dio cursos de literatura francesa en la Universidad de Cuyo en, Mendoza, de donde fue despedido tras participar en el movimiento político que se oponía al peronismo. Después del incidente se trasladó a Buenos Aires, donde prosiguió su trabajo literario.

Aunque desde 1937 había traducido ya para la revista argentina Leoplán, su primera traducción literaria fue Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (1945). En 1948 obtuvo el título de traductor público de inglés y francés y comenzó a trabajar para organismos internacionales, como la Unesco y la Comisión de Energía Atómica, en Viena. Hasta 1951 hizo traducciones para la Cámara Argentina del Libro. Ese año, él y la que entonces era su esposa, Aurora Bernárdez, también traductora, se trasladaron a París. En Europa, Cortázar siguió trabajando como traductor independiente para la Unesco, y en 1954 asistió en calidad de traductor y revisor a la conferencia de ese organismo celebrada en Montevideo. Ese mismo año viajó a Italia, donde comenzó a traducir la obra en prosa de Edgar Allan Poe por encargo de la Universidad de Puerto Rico, considerada por la crítica como la mejor traducción del escritor norteamericano. En 1955 haría lo mismo con Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, una de sus traducciones más aclamadas.
Con el paso de los años, Cortázar se convertiría en uno de los escritores latinoemaricanos de mayor éxito. Su libro Rayuela, aparecido en 1963 y calificado como antinovela, marcó un hito en la literatura en español. Fue una de las piezas clave del famoso boom latinoamericano; en su primera edición vendió 5.000 ejemplares y fue tema de numerosos artículos y ensayos. Según los críticos, su éxito se debió a su aire vanguardista, su profundidad y desenfado, la creación de una nueva sintaxis y el hecho de que pueda leerse de principio a fin -como jugando rayuela-, o siguiendo las instrucciones del autor, olvidando los capítulos prescindibles o recorriendo un rompecabezas propio.

Julio Cortázar no se detuvo en géneros y estilos. Publicó Historias de cronopios y de famas, con sus “Instrucciones” (para llorar, para dar cuerda al reloj, para entender tres pinturas famosas, para subir una escalera), su lista de “ocupaciones raras” y todas las señales para entender la amargura de los “famas” y la alegría de los “cronopios”.
De su producción posterior, el Instituto Cervantes destaca los poemas Pameos y meopas (1971), los relatos de Octaedro (1974) y Queremos tanto a Glenda (1980), Un tal Lucas (1979) y Los autonautas de la cosmopista (1983), de su obra miscelánea. Esta última obra fue escrita en colaboración con su tercera y última esposa, Carol Dunlop. En 1984, recibió el Premio Konex de Honor en Argentina, que reconoce cada año a las personalidades e instituciones más distinguidas.
Siempre siguió de cerca la situación política latinoamericana. Adhirió a la revolución cubana, si bien evitó siempre el compromiso explícito en su obra, a excepción del Libro de Manuel (1973) y tuvo una posición crítica ante el gobierno de la isla cuando de conoció el “caso Padilla”. Mostró también su solidaridad con el gobierno de Salvador Allende en Chile. En 1974 fue parte del Tribunal Russell II, reunido en Roma, para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos.
Julio Cortázar murió el 12 de febrero de 1984 en París, la ciudad que lo acogió y que está presente prácticamente en toda su obra, la ciudad sobre cuyas galerías escribió, mucho antes de que se conociera el Libro de los pasajes de Walter Benjamin. Su vida cultural, sus paseos, sus costumbres del café y la palabra, fueron retratados en sus escritos, en los cuales comparte el espíritu flanêur de Baudelaire y Benjamin. Está enterrado en el cementario de Montparnasse, junto a su última mujer, Carole Dunlop, fallecida dos años antes que él.