Ticio Escobar: "En el Paraguay, el arte se vincula con la esfera pública al margen del Estado, cuando no a pesar de él"
—Este año hubo tres eventos muy importantes que te tuvieron como protagonista: el lanzamiento de tu libro "Archivo abierto", el premio "Optimistas Comprometidos" en categoría Cultura instituido por la plataforma española "Anoche tuve un sueño" y el premio obtenido por tu proyecto curatorial en la última Bienal de Cuenca. ¿Qué significaron para vos cada uno de ellos? Es decir, ¿cuál es el valor que les asignas?
—Valoro de manera especial cada reconocimiento, que significa una satisfacción personal, un estímulo al trabajo y, en general, una consideración de la cultura del país. La publicación de "Archivo abierto" se realizó gracias a haber ganado un concurso de la Fundación Ama Amoedo, de Uruguay. Creo que este libro de 700 páginas es útil para la promoción y el mejor conocimiento de aproximadamente 100 artistas paraguayos en las áreas de artes visuales, escénicas y cinematográficas. Su distribución digital gratuita permite un amplio acceso a sus contenidos. Y la distinción obtenida en la Bienal de Cuenca 2025 (Primera Mención en el área de las curadurías) me permitió constatar que mi tarea de curador está bien orientada y goza de consideración internacional. Esta bienal fue llevada a cabo por 17 curadores de América y Europa, aparte de la dirección general y los equipos de trabajo. Por eso, entiendo que también aportó a la ubicación de nuestro país, por lo menos a nivel curatorial e intelectual, en un lugar destacado. El Premio "Optimistas comprometidos" en categoría "Cultura", busca reconocer el trabajo cultural realizado en un paisaje distópico, poco propicio al optimismo. Me satisfizo especialmente el hecho de que también había sido concedido a Noam Chomsky. El embajador de España en Paraguay, Javier Parrondo, tuvo la deferencia de viajar a Madrid para entregarme el premio en el Museo Reina Sofía. Considero que este galardón también revirtió positivamente en la consideración internacional de nuestro país, pues fui el único sudamericano en obtenerlo.
—¿Cómo ves la escena actual del arte contemporáneo en Paraguay? ¿Hacia dónde crees que debería orientarse para consolidarse?
—Yo veo muy positivamente la escena del arte contemporáneo en Paraguay. En lo que va de este siglo, ha crecido notablemente en calidad estética y densidad conceptual, así como en número de creadores (la presencia joven es fundamental), de galerías y de organizaciones corporativas (tales como Gente de Arte, ASGAPA, AVISPA y AICA-Py, por ejemplo). Debería orientarse a bregar por mejores condiciones de apoyo del Estado, que es prácticamente nulo. Existen fondos concursables y apoyos puntuales del Fondec, pero son insuficientes, dispersos y carentes del encuadre de políticas culturales, que deberían estar a cargo fundamentalmente de la Secretaría Nacional de Cultura. Uno de los fenómenos más interesantes en el arte actual es la presencia creciente del arte popular y, especialmente, el indígena. Pero esa presencia menos aún se expresa en políticas públicas que aseguren la continuidad de las producciones y el estatuto digno de sus creadores. Es más, creo que el Estado paraguayo tiene una política tácita de exterminio étnico: poco puede consolidarse el arte de los pueblos indígenas sin una mínima protección a sus territorios y sus culturas.
—¿Cómo ves la relación la práctica artística en Paraguay con el proceso socio-político del país?
—En el Paraguay, el arte se vincula con la esfera pública al margen del Estado, cuando no a pesar de él. Creo que esa relación es fuerte: los artistas expresan desde los rodeos del arte distintas posiciones ante la lamentable situación política de nuestro país. No lo hacen literalmente; no por razones de censura (como en la época stronista), sino porque lo político en el arte no se expresa a través de denuncias directas, sino a través de rodeos retóricos, estéticos y poéticos que intensifican la crítica del sistema (o por lo menos la referencia a las condiciones socio-históricas) sin caer en denuncialismos obvios. El arte político evita ser panfletario; habla desde sus recursos propios, basados en miradas sesgadas pero capaces de captar más intensamente aspectos oscuros de la situación histórica que lo condiciona. Desde esa perspectiva el arte no actúa tanto a nivel macropolítico (referido a las dimensiones objetivas de esa situación), sino micropolítico: conectado con el deseo, el cuerpo y el inconsciente y orientado a promover la percepción crítica del mundo y a apostar a la posibilidad de un futuro favorable.