Sinclair Lewis, el primer Nobel de Literatura nacido en EE. UU.
Un día como hoy, hace 137 años, nacía quien luego se convertiría en el primer escritor estadounidense en ganar el Premio Nobel de Literatura. Sinclair Lewis estudió en la Universidad de Yale y trabajó como reportero y editor literario durante algunos años, en los que fue discípulo de Upton Sinclair. Realizó también colaboraciones humorísticas en diversas revistas y trabajó como secretario de redacción del Transantlantic Tales, hasta que marchó a Panamá para incorporarse a las obras del Canal. Su primera novela célebre fue la satírica Calle Mayor, que dividió las opiniones de la crítica. Por un lado le recriminaban el presentar una visión inexacta y poco justa de la vida norteamericana, mientras que otros argumentaban que la novela era implacable (pero acertada) con los vicios y falsedades propios de la democracia.
La salida de Babbitt, en 1922, concitó también mucha polémica, por los matices encerrados en la aparentemente simple historia de un típico hombre de negocios norteamericano que encarna el sentido común, pese a ser a la vez tan contradictorio que cree en cosas que nunca lleva a cabo. La palabra Babbitt se integró rápidamente al vocabulario de la nación, para significar el prototipo del hombre medio norteamericano, con todas sus connotaciones peyorativas.
Luego publicó otras dos novelas: Trampa humana (1926) y Elmer Gantry (1927), esta última una aguda sátira donde retrata la figura de un apócrifo pastor infiltrado en la iglesia protestante. La obra provocó gran escándalo entre los ministros de la iglesia y entre no pocos de sus fieles. En 1928 dio a conocer El hombre que conoció a Coolidge, que arremetía contra la práctica de la política en Estados Unidos. Dodsworth (1929), por su parte, es un análisis de la mujer de clase media norteamericana, y Obra de Arte (1934) describe y juzga las costumbres de la industria de hotelería en Estados Unidos.
En 1936 apareció Eso no puede pasar aquí, donde describe las consecuencias que traería una dictadura fascista en Estados Unidos, y colaboró como dramaturgo en adaptaciones para la escena de algunas de sus novelas. Finalmente, su agudeza comenzó a declinar y se dedicó a trazar retratos más pasivos de la vida burguesa.
Con el tiempo, la crítica respecto a su obra permaneció dividida. Unos le reprochan su estilo naturalista y un realismo que linda con lo periodístico, atribuyéndole poca capacidad artística y creativa. Otros estudiosos, sin embargo, creen que aunque no sea precisamente un estilista, creó valores perdurables con su capacidad satírica y su mirada descriptiva y combatiente sobre la sociedad norteamericana, que ha generado escuela por su enfoque moral de la realidad. Sinclair Lewis rechazó el premio Pulitzer, que se concedió a su novela Arrowsmith (1925), por considerarlo un galardón conservador.
Recordamos al escritor compartiendo aquí un fragmento de su novela Arrowsmith:
"Martin era, como la mayoría de los habitantes de Elk Mills antes de la inmigración eslavo-italiana, un típico americano anglosajón de pura cepa, lo que significa que era una mezcla de alemán, francés, escocés, irlandés, quizás un poco de español, posiblemente un poco de las cepas englobadas como 'judío' y una gran cuantía de inglés, que es por su parte una combinación de britano primitivo, celta, fenicio, romano, alemán, danés y sueco.
No es seguro que Martin estuviese, al vincularse al doctor Vickerson, edificantemente poseído del todo por el deseo de convertirse en un Gran Curador. Se ganaba el respeto de la pandilla vendando heridas de pedradas, diseccionando ardillas y explicando asuntos secretos y asombrosos que podían descubrirse en el patio trasero de la fisiología, pero no se hallaba del todo libre de la ambición de disfrutar entre sus amigos de una gloria comparable a la del hijo del ministro episcopaliano, que era capaz de fumarse un puro entero sin ponerse malo. Sin embargo, esa tarde, leía con toda atención la sección correspondiente al sistema linfático y murmuraba entre dientes las palabras largas y totalmente incomprensibles, en un tarareo que hacía que la polvorienta habitación en la que estaba resultase más letárgica aún.
Era la habitación central de las tres que ocupaba el doctor Vickerson, que daban a la calle Mayor y quedaban encima de la tienda de ropa Nueva York. A un lado de ella se encontraba la mugrienta sala de espera; al otro, el dormitorio de El Médico. Éste era un viudo ya de edad que no se interesaba lo más mínimo por lo que denominaba 'pulcritudes femeninas' y aquel dormitorio, con su buró tambaleante y su catre de mantas astrosas, sólo lo limpiaba Martin, en arrebatos no muy frecuentes de saneamiento higiénico".