Acaba de partir uno de los grandes referentes de la lucha social en el Paraguay, “el apóstol”, como lo llamaban, el que eligió vivir y morir en el Bañado Sur. Francisco de Paula Oliva, el sacerdote jesuita que comprometió todas sus energías al servicio a los más necesitados, fue maestro de varias generaciones y un activo comunicador, a través de programas de radio, revistas, y de un blog que mantuvo actualizado hasta el año 2016, en el cual volcaba asiduamente sus impresiones sobre distintos temas de la realidad nacional, al tiempo que ejercitaba reflexiones sobre la práctica cristiana. Aquí, para recordarlo, no repasamos su vida, harto conocida, sino que compartimos un breve texto suyo, que lo pinta por entero.
Nada vale más que la vida
Francisco de Paula Oliva
Ayer daba gracias a Dios por la Vida. Nada vale más que ella y una vida larga es una bendición, que siempre deseo para todos. Y hay que ser agradecidos y compartir este bien. Hoy, cuando comienza un nuevo período de mi vida, que podríamos titular los “últimos años”, que pueden ser muchos o pocos, pues es Dios el que tiene la fecha de su llamada, vuelvo a repetir que “nada vale más que la Vida”. Por eso, mirando hacia delante tengo que estar en ella y librarme de aquello que pueda desperdiciarla.
La Vida es la moneda más grandiosa que tenemos. Y todo lo que hacemos, compramos, planificamos, soñamos, alcanzamos o rechazamos, se va a pagar con tiempo de Vida.
Por eso, lo primero que pido a Dios es saber vivir este tiempo vital. Eso no significa trabajar lo más que pueda, hasta reventarme. Tampoco descansar lo más que pueda, hasta aburrirme. Y mucho menos es preocuparme excesivamente en cuidarla y volverme narcisista.
Significa crecer personalmente en Humanidad. Significa defender a todo el que es herido en Humanidad. Un caso asunceno son los crucificados que llevan ciento y seis días así, por culpa de un ministro de Trabajo y un diputado empresario ávido de plata. Significa luchar para expandir, hacer crecer y triunfar lo más posible toda causa verdaderamente humana.
Sí, con la ayuda de Dios, logro emplear de este modo la vida que me resta, habrá sido una vida plena. Habré hecho lo que tenía que hacer. No soy por ello digno de ninguna mención especial. Pero, será la Vida más alegre y esperanzadora hacia ese otro estadio de VIDA, con mayúscula, al que todos estamos destinados.
Y todo esto solo no podré lograrlo, por lo que pido humildemente la ayuda y el apoyo y la corrección de los que me rodeen.
[Miércoles, 14 de octubre de 2015]