Omar Lara, más allá de la respiración del mundo

3 Julio de 2021
3 Julio de 2021
Omar Lara, más allá de la respiración del mundo
Omar Lara, más allá de la respiración del mundo

La mañana de ayer los medios internacionales informaron el fallecimiento de Omar Lara, reconocido poeta, traductor y escritor chileno, oriundo de Nohualhue (región de La Araucanía) y asentado en Concepción. Lara, que contaba con 80 años, tenía allí una librería que atendió hasta último momento.

El nombre del poeta comenzó a destacarse en los 60 cuando fundó, estando en Valdivia, la revista literaria Trilce, plataforma literaria que actualmente existe en formato digital y reúne voces excepcionales de la poesía latinoamericana. Fue en esa década que Lara empezó a descollar, luego de la publicación de los poemarios Argumento del día y Los enemigos. En 1973 el golpe de Estado de Pinochet significó para el poeta no solo el exilio sino también un prolongado lapso de prisión.

Perú fue la primera escala de Lara en el largo periplo fuera de su tierra. Después el escritor partiría rumbo a Europa, donde Rumania y España lo verían inspirarse y crear. Finalmente, en Madrid refunda Trilce y crea Ediciones LAR (Literatura Americana Reunida), donde amplía la mirada poética, incorporando ensayos y testimonios. Siguió fuertemente vinculado a su país, formando parte del comité de redacción de la revista chilena en el exilio Araucaria.

Su retorno a Chile lo llevaría a Concepción, donde residió hasta su muerte. En esta ciudad participaría de innumerables proyectos culturales, brindándose de lleno a todas las iniciativas donde la poesía y la cultura trabajaran por un mundo mejor.

En 1975 recibió el premio Casa de las Américas (La Habana) por Ah, las buenas maneras; en 1983 fue distinguido con el Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo (España), como traductor de la obra del rumano Marin Sorescu, El Ecuador y los polos; en 1983 obtuvo la Beca Guggenheim; en 2004 la medalla presidencial Centenario Pablo Neruda; en 2006 el Premio de la Sociedad de Escritores de Chile por la revista Trilce; en 2007 el Premio Casa de América (Madrid) por Papeles de Harek Ayun; en 2010 el Premio Internacional Domus Aurea 2010, de la Universidad de Roma y en 2012 el Premio Internacional Rafael Alberti (La Habana), entre otras muchas distinciones. Publicó numerosos libros, el último de los cuales, aparecido el año pasado, es una antología titulada En el corazón de las cosas (Madrid: Polibea).

El poeta Tulio Mendoza, miembro de la Academia Chilena de la Lengua Española, destacó la labor en las letras de Omar Lara, definiéndolo como una “casa hospitalaria” y un “punto de encuentro” entre el lenguaje y la memoria. Creador de una obra tan grande como el número de sus premios, Lara construyó universos de indudable calidad poética y formal en casi todos los géneros literarios, y la noticia de su partida implica la pérdida de todo un parámetro para la literatura latinoamericana.

En una entrevista con Sixto Sarmiento publicada en el diario peruano Expreso en agosto de 2020 (y compartida ayer en las redes por la poeta Talullah Flores Prieto), al ser preguntado por lo primero que haría tras el encierro debido a la pandemia, respondió: “Tengo varios llamados en mi agenda. Lo primero que haré será caminar al bosque o al parque más cercano para gritar y cantar. Otro afán también primero será reunirme con los amigos, con los seres que amo, y beber varias copas en silencio, sin palabras, solo beber un trago y mirarnos. Sin palabras, digo, tal vez incluso sin pensamiento, navegar en un ritmo implosivo mientras vamos despertando muy lentamente. Antes de la peste quería viajar unos días a Lima. Lo dejé para el regreso, para el regreso a la respiración mía y del mundo, nos vemos allá, entonces, dentro de poco”.

De Serpientes. Seis poemas de Omar Lara

Pequeña serpiente

Mi serpiente coral

te confieso: nunca creí en tu veneno

mi pequeña serpiente.

Desperté con una confusión de los mil demonios

Todo se movía alrededor.

Creí que soñaba

pero ella estaba ahí, enrollada

bella y hambrienta a los pies de la cama.

Renueva tus colmillos venenosos

He abierto tu boca

de los huecos colmillos de veneno te he privado

vigilaré paciente.

Te haces responsable de mí

Abre tu boca, tu engañosa boca

y engulle sin cólera.

He preparado con paciencia este cuerpo.

Pujaré si deseas, todo entero entraré;

me dejaré llevar, me dejaré arrastrar

protegido y ausente, serpiente mía.

Otro golpecito

Otro golpecito de tu cola

rodéenme tus anillos luminosos

algún día el golpe olvidaré

no el escozor.

El golpe final espera

Ardida tiranuela

ceniza próxima

engulle de una vez tu posesión

fecunda esta herida única.

(Extraídos de Círculo de Poesía)

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