Murió Brigitte Bardot, el mito que transformó el cine y el activismo animal
Nacida en París en 1934, su irrupción en el cine coincidió con una transformación profunda de las costumbres. El punto de inflexión llegó con Y Dios creó a la mujer (1956), dirigida por Roger Vadim, donde su presencia —libre, sensual, indomable— desbordó la pantalla y escandalizó tanto como fascinó. A partir de allí, Bardot se convirtió en un fenómeno global: portada permanente, musa de fotógrafos, inspiración de diseñadores y referencia obligada para el cine moderno.
Durante las décadas de 1950 y 1960 trabajó con cineastas como Jean-Luc Godard (El desprecio), Louis Malle y Henri-Georges Clouzot, dejando una filmografía que dialogó con la Nouvelle Vague sin pertenecer del todo a ella. Su imagen —el cabello rubio desordenado, la mirada directa, el cuerpo sin artificios— marcó una estética que aún hoy resuena en la cultura visual contemporánea.
En 1973, cuando aún estaba en la cima de su fama, Bardot tomó una decisión que sorprendió al mundo: abandonó definitivamente el cine. Desde entonces dedicó su vida al activismo animal. Fundó la Fondation Brigitte Bardot y se convirtió en una de las voces más radicales y persistentes contra la caza de focas, la tauromaquia, el uso de pieles y el maltrato animal. Esa militancia, intransigente y muchas veces polémica, la llevó a enfrentamientos con gobiernos, industrias y también con la opinión pública.
Figura de contrastes, Bardot fue celebrada y cuestionada con igual intensidad. Su franqueza extrema y sus posiciones políticas le valieron críticas y condenas, que convivieron con el reconocimiento a una trayectoria singular, imposible de encasillar. Amada y discutida, su figura nunca fue neutra: Bardot obligó siempre a tomar posición.
Retirada en Saint-Tropez, lejos del brillo del cine pero no del debate público, vivió sus últimos años fiel a una idea de libertad personal que sostuvo hasta el final. Con su muerte se cierra un capítulo decisivo de la historia cultural del siglo XX, pero su legado —estético, simbólico y ético— permanece activo.