Mauricio Rial Banti: una vida dedicada a filmar la memoria del Paraguay
Formado en Dirección Cinematográfica en la Universidad del Cine (FUC) de Buenos Aires, Mauricio Rial Banti construyó una mirada que combinó rigor técnico con una sensibilidad poética poco frecuente. Esa síntesis quedó plenamente expresada en Tren Paraguay (2011), su ópera prima documental y una de las películas más emblemáticas del cine paraguayo reciente. El film, centrado en la desaparición del ferrocarril en el país, trascendió el registro histórico para convertirse en una metáfora del abandono, del progreso truncado y de las historias que viajan —o quedan detenidas— en los márgenes del desarrollo. Reconocida internacionalmente, la película obtuvo premios como Mejor Documental Iberoamericano en DocsDF (México) y el Premio Innovación en el Festival Internacional de Cine de los Países de la UNASUR, consolidando a su director como una voz singular dentro del documental latinoamericano.
Esa exploración entre realidad, mito y memoria continuó en Overáva (2012), documental realizado con apoyo del programa DocTV Latinoamérica. En esta obra, Rial Banti se adentró en la leyenda de la plata yvyguy, el tesoro enterrado que atraviesa el imaginario popular paraguayo, para reflexionar sobre la persistencia de los relatos orales y su vínculo con la identidad colectiva. Con un enfoque cercano a la antropología visual, el film reveló su interés por las narrativas invisibles y por la forma en que el pasado se filtra en el presente a través de creencias, rumores y relatos transmitidos de generación en generación.
Paralelamente a sus proyectos como director, Mauricio Rial Banti fue una figura clave en la construcción del cine paraguayo como trabajo colectivo. Participó en producciones fundamentales del audiovisual nacional, colaborando como asistente de dirección en películas como Ahendu nde sapukai de Pablo Lamar y Karai Norte de Marcelo Martinessi, experiencias que reforzaron su compromiso con un cine de autor arraigado en lo local, pero con proyección internacional. Su trabajo detrás de cámara fue, en muchos casos, tan influyente como sus propias películas.
En una etapa posterior de su carrera, incursionó en el cine de género y de gran público como codirector de Leal 2: Comando Yaguareté (2023), junto a Armando Aquino. La película, una de las producciones más ambiciosas del cine paraguayo en términos de escala y alcance, fue seleccionada por la Academia de Cine del Paraguay para representar al país en la carrera hacia los Premios Óscar. Este proyecto evidenció la versatilidad de Rial Banti, capaz de transitar del documental poético al cine de acción sin perder una identidad autoral ni una mirada crítica sobre el contexto nacional.
Sus primeros años como realizador estuvieron marcados por la experimentación en el formato breve. Cortometrajes como Silenciados, La gota que colmó el vaso y ¿Por qué no? anticipaban ya una preocupación por las tensiones sociales, las emociones contenidas y los conflictos cotidianos, así como un manejo preciso del ritmo y la atmósfera. Estas obras tempranas funcionaron como un laboratorio narrativo que luego se expandiría en sus largometrajes y proyectos documentales.
Más allá de la filmografía, Mauricio Rial Banti fue un formador y articulador cultural. En los últimos años se desempeñó como asesor en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), donde compartió su experiencia con estudiantes de toda la región, reafirmando su vocación pedagógica y su compromiso con el cine latinoamericano como espacio de intercambio y construcción colectiva.
Su fallecimiento generó una inmediata reacción de duelo en la comunidad artística y audiovisual. Instituciones, colegas y estudiantes coincidieron en destacar no solo su talento, sino también su generosidad, su sensibilidad y su capacidad para pensar el cine como una herramienta de memoria y transformación. En un contexto en el que el cine paraguayo ha comenzado a ocupar un lugar sostenido en festivales y circuitos internacionales, la figura de Mauricio Rial Banti queda asociada a una etapa de consolidación, búsqueda y afirmación de una mirada propia.