Marcelo Hernáez, poesía "con manos de fuego"

8 Abril de 2021
8 Abril de 2021
Marcelo Hernáez, poesía "con manos de fuego"
Marcelo Hernáez, poesía "con manos de fuego"

El pasado martes vio partir al artista transdisciplinar Marcelo Hernáez, quien incursionó en poesía, teatro, música y artes visuales.

Marcelo (Schmeda) Hernáez nació en Asunción el 3 de junio de 1956. Participó de exposiciones colectivas en El Bosque de los Artistas, el Centro Cultural de España Juan de Salazar y las galerías Artesanos, Propuestas y Martha Manchini Arte Latinoamericano, entre otros espacios del circuito del arte. Muy joven, en 1980, actuó en Los guantes blancos para luego integrarse al grupo de teatro Estudio Libre, de Rudi Torga, al que se adhirió entre 1991 y 1999. También integró los elencos de Los físicos, El gran deschave, El enemigo del pueblo y Aquel 1811, en el Teatro Arlequín, y actuó en la obra Un dios en casa, presentada en la Manzana de la Rivera. Fundó el colectivo de artistas populares Contracanto. En 2003 presentó el disco Koreko gua.

En 2009 presentó su poemario Los dientes del tiempo, publicado por Fondec y Servilibro. La obra incluye ilustraciones y dibujo de portada de Carlos Colombino y un texto de Esteban Cabañas, que en una parte dice: "Los poemas de Marcelo Hernáez están escritos con manos de fuego, espantando ausencias. El disfraz detrás del disfraz, la sábana de esparto, algo que se agita sin puntos, que respira, el grito que se quiso guardar. La idea del pabilo que enmudece y sin embargo exige el nombre del corazón dormido. Un lenguaje ríspido, de palabras duras como el basalto para construir el equilátero salvaje de su poesía".

Compartimos un poema de Marcelo Hernáez:

Poesía

a Josefina Plá

Nació de una madre

que olvidó nacionalizar su vientre

No tuvo el cuello alto de encaje

de las prostitutas vehementes

Tuvo los pechos descubiertos

como rústicos limones

(sus cáscaras suaves)

de las vírgenes dubitativas

que olvidaron

seguro

patentar su inexperiencia

No tuvo el miriñaque exacto

ocultando su cadera sin nacer

Tenía porque habría que tener

tendría

un catálogo sintético

para el cuello largo del ejemplo

y a la nuca tener que abordar

quisiera

de un amigo

como a la popa insegura

de un velero

en la rada incierta

de una amnesia eterna

La palabra complicada

que no expresa el hecho simple

La ligereza de una uña que lastima

no lastima

si es que encuentra

el caparazón delicado

de la piel que se le ofrenda

con la ofrenda de un manto descuidado

Conoce bien a los poetas

conoce

al ciego

el del sillón marcado

con sus nalgas húmedas

de soledad de reuma

Conoce al de la barba copiada

de otra barba parecida

su lírico y bruto lenguaje

Matriarca mujer

poetisa paraguaya

por no tener el callo suficiente

para cruzar el mar

para morir donde su patria verdadera

Conoce a la poetisa casi ciega

de estirpe tuerta

que consigue alumbre en la farmacia

para el borde de sus ojos

Y a la otra conoce

la que azufre compra para el viento

la del vestido enorme

ocultando sus tetas caídas

E intuye la intención

de aquél que escribe mejor

que quien no ha escrito todavía

Y tenía que sentarse

que acostarse

que morirse

entre los brazos

de aquellos que quisimos poseerla

Tenía que morirse

porque así reviviría

y tendría excusas para andar por ahí

pidiéndole un autógrafo a la gente.

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