El coleccionista y mecenas argentino Eduardo Costantini acaba de concretar una de las operaciones más significativas en la historia reciente del coleccionismo y la institucionalización del arte latinoamericano: la adquisición de la colección Daros Latin America, un conjunto de obras clave del arte moderno y contemporáneo de la región que pasará a integrar y ampliar de manera sustancial el acervo del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). El museo suma así 1.233 obras de 117 artistas icónicos de la región, producidas principalmente entre las décadas 1950 y 2010, que serán mostradas tras la ampliación del edificio, prevista para después de septiembre próximo, que duplicará la superficie actual hasta llegar a 8.000 metros cuadrados.

Según expone Infobae, "el impacto de la adquisición se extiende también al alcance geográfico de la colección, que ahora profundiza la representación de países como Colombia y Cuba, y suma obras de Costa Rica, Honduras, Jamaica, Panamá y República Dominicana, junto a los ya consolidados núcleos de Argentina, México y Brasil. Esta diversidad permitirá realizar exposiciones panorámicas y fortalecerá la investigación sobre el arte latinoamericano contemporáneo". Ingresan de este modo a la colección obras de Ana Mendieta, Rosângela Rennó, Paz Errázuriz, Marcos López, José Alejandro Restrepo, Alfredo Jaar, Javier Téllez, Melanie Smith y conjuntos destacados de Julio Le Parc, Lygia Clark, Gego, Antonio Dias, Maria Freire, Liliana Porter, Mira Schendel y Luis Camnitzer, Cildo Meireles y Belkis Ayón, entre otros.



La compra, realizada de cara al 25º aniversario del museo, que se cumplirá en 2026, refuerza el rol del Malba como una de las instituciones de referencia continental y consolida una estrategia sostenida desde su fundación: construir una narrativa amplia, compleja y plural del arte latinoamericano, más allá de los relatos nacionales o de las lecturas canónicas.
La colección Daros Latin America, fundada en 2000 por Ruth y Stephan Schmidheiny y que hasta este momento tenía su sede en Zúrich (tras el cierre de Casa Daros en Río de Janeiro), es reconocida internacionalmente por su rigor curatorial y por haber reunido obras fundamentales de artistas de América Latina desde la segunda mitad del siglo XX hasta la contemporaneidad. Pintura, escultura, instalación, fotografía y video conviven en un corpus que dialoga con los grandes debates políticos, sociales y estéticos de la región: dictaduras y transiciones democráticas, identidades híbridas, tensiones entre centro y periferia, experimentación formal y crítica institucional.



Con esta adquisición, el Malba no solo incrementa cuantitativamente su colección, sino que incorpora piezas que permiten profundizar líneas ya presentes en su acervo —como el conceptualismo latinoamericano, las poéticas de la abstracción, el arte político de los años setenta y ochenta o las prácticas contemporáneas más experimentales— y abrir nuevas zonas de lectura y comparación entre artistas, países y generaciones.
Eduardo Costantini, fundador del museo y uno de los coleccionistas más influyentes de la región, reafirma así su perfil de coleccionista público, en el sentido más amplio del término: alguien que entiende la colección no como patrimonio privado, sino como herramienta de conocimiento, debate y acceso ciudadano. Desde su inauguración en 2001, el Malba se ha caracterizado por un crecimiento sostenido de su acervo, basado tanto en adquisiciones estratégicas como en donaciones, con el objetivo de ofrecer una visión histórica y crítica del arte latinoamericano en diálogo con el contexto global.



La incorporación de la colección Daros Latin America también tiene una fuerte dimensión simbólica. En un momento de reconfiguración del mapa internacional del arte, donde las narrativas hegemónicas son cada vez más cuestionadas, la operación subraya la importancia de que las obras producidas en América Latina se conserven, estudien y exhiban desde la propia región, evitando la dispersión de patrimonios culturales en circuitos exclusivamente privados o extrarregionales.
En términos institucionales, la adquisición abre un abanico de posibilidades: nuevas exposiciones de colección, proyectos de investigación, publicaciones y programas educativos que permitirán releer la historia reciente del arte latinoamericano desde perspectivas renovadas. Al mismo tiempo, plantea desafíos curatoriales y museográficos, al integrar un conjunto de obras con identidades y recorridos previos muy definidos dentro de un relato institucional en constante construcción.



Con esta compra, el Malba da un paso decisivo en su consolidación como museo de referencia internacional y reafirma una idea que atraviesa su historia: el arte latinoamericano no es un apéndice ni una categoría periférica, sino un campo de producción central para comprender las transformaciones culturales, políticas y estéticas del mundo contemporáneo.