Joaquín Sánchez y "el agua que revela"
—¿En qué consiste la propuesta presentada en Tranvía 13?
—El punto de partida de esta acción-performance ha sido mi último y reciente viaje a Barrero Grande (Eusebio Ayala) recorriendo los lugares donde viví de niño y donde pasé prácticamente toda mi infancia. A partir de esa experiencia hice una selección de obras vinculadas a mi historia personal y a la idea del agua. Por eso, la propuesta se llamó El agua que revela.
—¿Cómo se sitúa esta propuesta en el marco general de tu obra?
—En esta nueva etapa de mi práctica artística, que yo llamo "el viaje" o "el nuevo viaje", estoy en busca de nuevos relatos. Este proyecto propone reactivar obras anteriores. Entonces, retomé una pieza del 2002, que participó en el Premio Matisse y que consistía en un performance lavando una sábana con perforaciones y corazones bordados. Este fue el punto de partida que me sirvió para articular obras mías de un largo período en video y filme. El interés fue realizar un gesto mínimo: volver a lavar la sábana y que esa misma sábana sirviera de superficie de proyección.
—El agua y la sábana son dos elementos recurrentes en tu obra. ¿Qué lugar les asignas en tu trabajo?
—La presencia del agua en mi trabajo es constante. Lo corporal se va desplegando como una operación simbólica, de memoria, de archivo. Por ejemplo, he encontrado una foto mía de cuando tenía 5 ó 7 años, que también forma parte de esta pequeña constelación de piezas que sostienen esta instalación. Obviamente, la idea de la sábana como un soporte doméstico, como piel íntima y a la vez como pantalla primitiva, se linkea con el cine ambulante que tenía mi abuelo con quien yo viajé el Chaco y toda la zona de la Cordillera proyectando películas sobre grandes sábanas. Y la idea de lavar no significa necesariamente purificar ni solo limpiar, es una acción que desplaza, se diluye. El cuerpo del artista insiste en una tarea constante como esa acción, lavar, colgar.
—La infancia está muy presente...
—Sí, y por eso ahora también fui a ese momento de mi vida para entender ese territorio, esas imágenes que aparecen sobre la sábana, donde se revelan muchas nuevas, que también se muestran inestables. La sábana opera como una pantalla en estado latente, que existía como un elemento básico, esencial: una tela blanca que habilita apariciones de viejas y nuevas imágenes y que forma parte de una ritualidad que convoca también a los fantasmas. Pero lo que más me interesa es esta revisión de las obras. Pienso que los trabajos en residencia funcionan porque tenemos un espacio para ello, como para repensar cosas, ver qué funciona en este y en otros contextos, y para activar nuevas preguntas, que no son las mismas de hace veinte, diez o quince años.
—En retrospectiva, ¿cómo ves tu obra de las últimas décadas?
—Yo pienso que tuve una etapa muy productiva en cuanto a las obras en video y en cine. En esta oportunidad se ve ese recorrido. Siempre pienso que mi cuerpo de obra es como una gran película desplegada. Siempre hablo de eso y en esta ocasión trabajo esta imagen en tránsito, porque todo forma parte de un todo, hay fragmentos incompletos, frágiles, que se niegan a fijarse, que pueden salir, estar, desaparecer, volver a aparecer. En ese sentido, la idea de proyectar estos trabajos también conecta directamente con el cine experimental y el video-ensayo, donde no necesariamente la imagen ilustra, sino que piensa. Creo que mostrar ahora en esta residencia en Tranvía 13 fue volver a tomar la punta de ese ovillo como para reactivarlo en un espacio diferente, y por eso tuvo una dimensión más expandida. La sábana no solamente se desplaza. También gotea, chorrea, se mueve, la imagen se vuelve móvil, y conecta con esta idea de lo nómada, la inestabilidad y lo precario. Obviamente, esta instalación se concibe también como un espacio de prueba, la presentación de procesos en curso, nuevas preguntas, nuevos pensamientos. El performance también se conecta con imágenes que encontré en mi álbum familiar. Y bueno, eso articula este nuevo comienzo en la búsqueda de nuevos relatos.
—¿Cómo ves este nuevo comienzo?
—Este viaje que yo hice a Barrero Grande en esta estadía en Paraguay ha sido como plantar la semilla de mi nuevo proyecto artístico, que de alguna manera examina el presente para entender el pasado, pero que también mira hacia el futuro. De este modo tejo historias, imágenes, personas. Me parece que puede ser interesante tejer con nuevas cosas o cosas que ya existían, a las que se incorporan nuevas experiencias, nuevas preguntas. Y creo que es un buen comienzo para esta nueva etapa de mi vida artística.